martes, 23 de enero de 2007

La Carta

Me siento, me paro, me vuelvo a sentar.

Me encuentro divagante a la luz plena del sol y a la vez en el medio de la oscuridad. El lugar es árido como un desierto, pero a la vez frío como las montañas.

Me paro, aunque no hay nada que me bloquee la vista, no veo nada. Me vuelvo a sentar.

Grito, nadie me escucha. Tonto yo. Nadie me ha escuchado nunca ni siquiera cuando estoy rodeado de gente.

Soy lo único existente en esta nada. Por primera vez no soy invisible.

Me paro. Giro lentamente buscando la salida o la entrada. Cualquiera me sirve.

Me siento. Pienso. Este es – definitivamente – uno de esos momentos en los que no importa hacia donde vayas, lo que hagas o lo que digas, sabes a ciencia cierta que será el camino incorrecto, la acción errónea o lo mal dicho. No porque tenga la intención de hacer mal las cosas, sino porque ahorita ya no existe el bien.

Que más da. Por lo menos intentaré ser sincero conmigo y aceptare que estoy totalmente perdido. Pensaré, en serio, como llegué aquí.

Me desnudo. Me hace más frío. Me cago. Cada cuando puedes estar desnudo. A veces la gente pasa la vida sin desnudarse en serio.

Total aquí nadie me ve. Ni cuando estoy en mis mejores fachas me ve la gente, cuando hay gente. Mejor me quedo pelado.

Pienso, me desnudo y pienso. Pineso y descubro que hubo más de doscientos caminos correctos. Me doy cuenta que todo estuvo en mis manos. Que yo me traje a mi mismo hasta aquí. Yo me perdí solito.

Si. Estoy-soy perdido. Veo a la derecha, me pierdo – pierdo. Veo a la izquierda, me pierdo-pierdo. Donde mire arriba, atrás o adelante, hasta de puntitas, hasta de rodillas, pierdo- me pierdo.

(Me) he perdido.

Estoy jodido.

En realidad… la verdad es que yo no estoy jodido. Estoy Rejodido.

Si en diccionario de mi sobrinita, el que tiene dibujitos, estaría la palabra jodido encontraría mi foto. Mi foto con esta cara de boludo, de empute. De boludo emputado. Es más! Si en el diccionario de mi sobrinita estaría la palabra rejodido, podría ver ilustrada en papel cuché de alto gramaje, a full color y con barniz mi foto, aquí, ahorita. Con la misma cara de boludo. O quizá podrían quitar la cara de boludo, para no cansar, y poner una referencia: Buscar “jodido” Pag. 57.

Es que yo era un jodido, que no es lo mismo.

Me emputan todos los gringos porque en inglés ser y estar es lo mismo: “To be”, ¿no ve?. Los gringos en su tierra de los sueños.
I’m Bolivian
I’m fucked!

No pues, no es lo mismo ser jodido y estar jodido. En todo caso uno viene siendo la consecuencia de otro.

.

Suena mi teléfono, recibo un mail, me tocan la puerta, luego el timbre, el intercomunicador suena con ese sonido chinchoso, “You’ve got mail”, recibo mi correo con la carta, LA CARTA, me entero de todo por la tele. Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete.

Tengo siete problemitas. Uno más chiquito que el otro. Más bien ché.

- De que lloras! Cagate!

- Escucho voces, estoy cagado de loco.

Tengo siente problemotas. Uno más jodido que el otro.

En realidad no… tengo cuatro problemas grandes, uno bien jodido y dos que no creo que tengan solución. Ni eso, ni mi corbata. Nunca le jales el hilito de atrás a la corbata, nunca.

Debería vender problemas. Problemas de última generación, Pentium V son mis problemas. Ya han Pentium V, ¿no ve? ¿Alguien quiere comprar un problema? ¡Problema! ¡Problema!

Problema con corbata de regalo… Jajajajaja.

Yo me río.

Me paro, camino saliendo de la sombra del único árbol que me puede dar sombra y dejando la única roca en la que me puedo sentar, sigo caminando. Nada.

Sigo caminando, pensando, meditando y me encuentro una vez más, cara a cara, con la carta. De repente el timbre, mi celular, suena mi computador “You’ve got mail” me grita. Otra vez el timbre, me tocan la puerta, mi celular no para de sonar, intento abrir la carta, me corto con el papel, “You’ve got mail” “You’ve got mail” Maldita vida!

- ¿Cómo te vas a cortar con el papel?

Que cojudo.

Saco pedacitos del kleenex que tengo en el bolsillo desde no se cuando. Hago un par de taponcitos para mis oídos y me duermo.

Me despierto tempranito. Ni los pajaritos se han despertado. Apago mi celu, enciendo una vela y bajo la tensión eléctrica. “Lights off”. Descuelgo el teléfono.

Cojo la carta y la meto en mi maleta, bien al fondo. Pongo mi ropa favorita. Tantas memorias. Más bien las memorias no las guarda uno en maletas… Nadie viajaría… nadie quiere dejar sus memorias atrás. Algunas tal vez, pero poquitas. Hasta las malas memorias hay que llevarse para acordarse como no equivocarse.

Experiencia.

Quisiera llevar mi piedra y mi árbol, pero no me conviene. Nada me conviene. Nadie me conviene.

La nada.

Tomo mi maleta y la vacío en una bolsita de plástico. Ya no quiero la maleta.

Dejo la carta.

Sale el sol y comienzo mi viaje hacia la nada. Camino siguiendo un oriente que no tiene que ver con nada del pasado. A veces es lo mejor.

De repente, aparece un taxi. Me subo. Un avión. Me subo. Me piden mi visa y todo en orden.

No había sido tan jodido escaparse de los problemas.

Respiro, suspiro, sonrío.

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