Mostrando las entradas con la etiqueta escritor. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta escritor. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de marzo de 2007

Inevitablemente vacio




He quedado inevitablemente vacío…
De tanto desnudar mis sentimientos, ya no tengo nada
Le he dado al papel todo lo que ha golpeado mi corazón
Dentro de mí solo quedan palabras sin eco, que no dicen nada.

Ya no se si estoy vivo. ¿Es estar vivo el solo acto de respirar?
Si ya no sonrío, no lloro, no canto ¿Seguiré vivo?
¿Merezco llamarme vivo si dejo de crear?
Solo soy un parásito que toma del mundo sin dar… nada

Miro, pero no observo
Analizo, pero no comprendo
Sopla el viento, pero no siento la brisa
El agua ya no me provoca sed

Tomo la pluma como para obligarme
Poso mi mano sobre el papel
Me quedo en silencio por una hora
… nada. Acabo pintándome las uñas con la tinta que ya esta seca.

¿Acaso debo salir a las calles para encontrar un amor que me rompa el corazón una vez más?
¿Debo encaminar la muerte de un hermano para que mi vasija se rompa?
¿Qué enfermedad funesta me dará tinta fresca para volver a mi oficio?
¿Es que el alma tiene que ser golpeada para sangrar sentimientos?

Un mar de impotencia se rebalsa en mi pañuelo
Mientras aún miro la hoja pálida y vacía
Agarrándome los pelos descubro con sorpresa
Que también le puedo escribir al vacío

La angustia de quedarme sin palabras
La pena de no poder pensar en nada
La ironía de sentir que no siento
Me ha devuelto la tinta que esperaba

Ahora escribo ya sin llanto
Palabras que nunca esperaba
No hay que sentir en carne propia
Lo que en palabras se explaya

Tatan!

martes, 23 de enero de 2007

Todo Oscuro.

Todo oscuro.

Escucho la lluvia caer sobre el techo que golpea con todas sus fuerzas aunque el agüita cae lento con el viento - que logro sentir en mi rostro- .

Mi tía decía que cuando el cielo llora es porque los angelitos están tristes.

Mi vecino decía que San Pedro se estaba meando. “Deja de mear puej San Pedro” decía.

Todo sigue oscuras. Un rayo. Un trueno.

Con el miedo que traigo - entre otras cosas - no debería estar a oscuras. Abro los ojos.

Todo oscuro.

Suelto el osito que abrazaba y me siento lentamente en la puntita de la cama, como para darme mi lugar. Esta pena que siento no me da para más. Cierro mis ojos otra vez y se me caen dos lágrimas. Las dos del mismo ojo.

No debería estar llorando.

El frío llega a mi cuerpo pelado, mis manos se aferran con fuerza a ese bordecito de la cama como queriendo desgarrar las sábanas, como si bajo la cama hubiese un precipicio.

… de repente entre la angustia que oprime mi pecho y esa temblorina que hace vibrar la casa entera – por el frío, no por cobarde- respiro hondo y sale un suspiro que se come como tres almas que iban rondando por ahí en ese momento.

Las almas escapan inmediatamente de mis entrañas al sentir mi pena. Una lágrima más cae, pero la garro justo en mi mejilla.

Limpio la mano mojada en la sábana.

Me pongo de pié rápidamente con un respiro profundo que llena mi pecho adolorido, presionándolo contra la angustia e intentando ser fuerte de nuevo. Caigo otra vez sentado…

…derrotado…

En que estaba pensando…

Pena, angustia, dolor, rabia, odio, lástima por mi mismo y por lo que he perdido. Ira, nervios, cansancio y despecho porque no me diste otra oportunidad. Porque yo no me di otra oportunidad.

Exactamente junto a la angustia me acuerdo que mañana es el cumpleaños de mi Madre. Pena, más pena, mucha pena.

Caen tantas lagrimas, tan rápido que no logro contarlas, ni agarrar ninguna.

Con los codos apoyados en las rodillas, me tapo la cara, me agarro el pelo y realizo elegantemente - nunca vulgar- el típico cuadro del llanto “a mares” con pucheros y todo. Lo has debido ver en el cine o en alguna pintura.

Soy una vergüenza de hombre.

“Que vergüenza” diría mi madre!. No perdón, mi Madre no. Ahora que recuerdo es mi Padre el odia que llore. Mi madre lo que diría es “Guarda esas lágrimas para cuando me muera…”. Mañana es su cumpleaños. Cumple cincuenta y cuatro mi viejita. Hay mi viejita… se pone cada día más linda.

Me siento mareado, ¿tan rápido? Me fijo la hora, son las doce y cero tres minutos. Agarro coraje hasta de la lluvia y luego de respirar profundo y de darme yo mismo dos lapos – bien dados – para despabilarme, cojo el teléfono.

“Alo” dice mi Madre con esa voz de locutor, de mujer fuerte. “Hola Mamita, quería ser el primero en felicitarte”. “Ah, hola hijo, ¿que hora es?” Su voz me hace flaquear. Tan linda, tan fuerte mi viejita. Un respiro profundo otra vez “Felicidades Mamita. Te quiero mucho. Solo era eso. Dormí nomás”. Mi voz no tembló ni por un segundo. Se despide y colgamos.

Sobre todo te quiero mucho. Sobre todo te quiero mucho mamita. Le digo a la distancia.

La verdad es que poco me importa su cumpleaños porque yo la quiero mucho todos los días.

Me siento más aliviado.

Mis ojos han recuperado la vista que antes estaba empañada por las lágrimas malcriadas que salían sin permiso. Mi viejo estaría orgulloso. Estoy más cagado que la mierda misma y ni una lágrima cae por mi rostro.

Me debo ver como la mierda.

Me quedo unos minutos sin hacer gesto alguno.

Me mareo.

¿Que hora es?

Solo han pasado cuatro minutos. Generalmente en las noches los minutos son más largos, deben tener como unas dos horas cada uno, que pueden ser hasta tres si llueve y hasta cinco si hace mucho frió y estas solo.

…estoy solito…que frío hace…

- Peor que estar solito es sentirse solito.-

…¡No me arrepiento de NADA de lo que hice!. Lo mínimo que me puedo regalar a mi mismo es orgullo. Además ya llega navidad.

¡NO!

… no me conviene…

Me arrepiento de todo mal que haya hecho a todas las personas con las alguna vez he estado en contacto. Así lo haya hecho sin darme cuenta, como esa vez que “mierdeé” al taxista porque no se apuraba o la vez que acuse – sin motivo – a la empleada de haberse robado mis boxers.

Pido perdón a todo aquel al que no salude nunca y al que deje de saludar. También a quien me saludo y simplemente no vi.

También pido perdón por ver UNITEL y el Telepolicial.

Al final no creo que yo sea tan malo. Me arrepiento de todo lo que hice, pero también hice muchas cosas buenas aunque ahorita mismo no recuerde ninguna. Es que estoy “depre”.

Perdón por no despedirme.

El frío me esta haciendo parir. Me meto en cama, solo en un rinconcito. Tomo mis piernas con mis brazos y caigo en llanto. ¡MIERDA! ¡No me arrepiento de nada!

Esta bien, yo sabía que la vida no era “Light”. Sabía que era jodida. No es mi intención reclamar a nadie por todo lo que me ha pasado. ¡Cuando me he corrido de algo! Es solo que fue muy de golpe. Ok, no es fuerte el que nunca cae, sino el que se cae y se para de nuevo – decía mi “mejor” amiga – Pero cuando te tiran al piso cuando te estas intentando parar, una y otra vez, una y otra vez

… una y otra vez, pronto te das cuenta que estas hueveando.

…¡Pucha que he vivido full!. Hasta plante un árbol una vez y casi tengo un hijo. ¿Eso cuenta, no? … también he escrito un libro. No importa que no lo haya publicado, ¿No?... ¿O es pecado no tener plata?

…caigo lentamente en mi último sueño.

Recuerdo, recuerdo, vivo de nuevo.

…ya no me hace frío, pero me siento más solo que nunca. Han pasado dos minutos más, con la pena que traigo deben ser como ocho horas.

Era que vaya a la iglesia más temprano. Ni cagando aguanto hasta más tarde.

Ojala no me traten de cobarde.

Ojala no lloren mucho.

Ojala encuentren mi notita.

Que huevada... mierda… que huevada…

Hartas, hartas lágrimas caen por mi carita. Bien hartas…

…ni modo.

Mientrasl las penas ahogan mi llanto

Mientras mis penas ahogan mi llanto.

Triste es la historia que te voy a contar, pero la escribo porque en momentos como este la angustia presiona mi pecho con una fuerza tal, que apenas me deja respirar, aunque no se si eso es lo que quiero.

Mientras mi rostro se sumerge en un cúmulo de lágrimas que no me terminan de ahogar, intento encontrar las palabras para poder explicarte como me siento. Mi mente se queda a momento en blanco porque ya no tengo fuerzas. El huir de la realidad, mientras evado los recuerdos que consumen mi alma en un fuego lento que no quema, pero si duele, me ha agotado.

Todo paso tan rápido, que ni yo me puedo creer cuando veo mis pies descalzos en el fondo de la grieta que se ha formado entre dos montañas, mientras espero que amanezca para que se acabe de una vez el frió. Ya no quiero sufrir más, aunque a veces pienso que es lo mínimo que le debo.

Mis alas ya no me abrigan, porque me había acostumbrado a sus brazos. Aún están húmedas, desde nuestro último encuentro. Eso me consuela, porque me recuerda que no lo soñé. Que en verdad paso. Ya he vivido. He sonreído, pero ahora estoy pagando mi osadía. Porque lo prohibido es prohibido y ahora no tengo nada.

Empiezo. Navegaba por los aires un día, mientras cazaba sueños y esperanzas que me llegaban como aromas desde la tierra. Los humanos siempre han estado tan llenos de cositas que hacen que las razas más lejanas quieran estudiarlos. Así estoy aquí. Ángel me llaman, porque con alas vuelo, porque visto de blanco y porque mal no tengo. Yo me llamo a mi mismo Agua. Porque cuando pasó cerca de esta es cuando me veo.

Ese día paseaba por aguas profundas, llegue ahí por consejo de dos delfines, que se conocieron en el invierno. Cansado de volar, me senté en un risco, que yacía entre la nada.

Ahí creí haberlo visto, nunca he sido muy curioso pero lo seguí. Mar adentro y mar más adentro. No es posible que el hombre pueda nadar tanto, tan rápido. La curiosidad siempre fue mi debilidad y horas más tarde, lo que fue curiosidad se convirtió en persistencia. Juego, cuando llegaba el ocaso, noté que se burlaba de mi. Creo que fue en ese momento que deje de intentar alcanzarlo, para continuar jugueteando.

La luna fue nuestro testigo, cuando al ver una estrella fugaz resplandecer a centímetros nuestro, nos encontramos rostro a rostro. Si el mar sería el tiempo, se habría secado antes de que dejemos de mirarnos. Finalmente, al notar su cansancio yo lo le ofrecí llevarlo entre mis brazos hasta la costa. Su rostro me mantuvo sonriente hasta que comencé a elevarlo, entonces mis ojos mostraron su sorpresa cuando vi que tenía los pies de un delfín.

Recuerdo que en ese momento, el entristeció, yo lo levante con una nueva sonrisa y mientras lo elevaba por los cielos, en la noche más estrellada de mi vida. Presioné su cuerpo contra el mío. Solo por gusto. No te vayas a caer, le dije. El cubrió mis brazos contra los suyos.

Entre olas y estrellas llegamos a la costa. Ahí se presento, su nombre era Etéreo, como etérea era su vida. Era el último de su especie. Cuerpo plateado de ilógica perfección. Ojos azules compitiendo con el mar y pelo blanco, más blanco que mis alas, que ni las nubes hacen par.

La noche se hizo más noche y mi corazón se hizo más suyo. Mi piel se desesperaba por quedarse en su cuerpo, mientras él tan solo me cantaba al oído. Me cantaba su despedida, pues el aire no le acogía. Antes de acabar su agonía lo acomodé en las aguas, el me lloró que no lo dejará, pero mi alma jamás lo olvidaría.

Lo he buscado sin parar y lo he encontrado anteanoche. El me ha llorado otra vez, porque se había estado escondiendo. No hay mal más duradero, que el causado al ser amado y el me ha confesado que su vida se estaba acabando.

“Ángel mío, que me has amado, te tengo siempre presente porque mi existencia has iluminado. Entre sueños te he cantado, cada noche, nunca he parado. Pero no quiero lastimarte, por eso he callado al despertar. La infinidad de tu existencia no tiene comparación con mi minúsculo momento, cuyo final la estrella fugaz ha anunciado.

Me escondo cada noche, mientras el mar se sala con mi llanto, te extraño incorregiblemente, no quiero acabar sin ti. Quisiera matarte aquí mismo, para llevarte conmigo, porque al amanecer me marcho y mis ojos no podrán verte”

Otra vez lo levante en mis brazos, esta vez, sentí su agonía, lo senté en una nube mientras me desesperé en tocarlo. Porque el tiempo nos ha castigado, si el mismo ha dispuesto el momento de encontrarnos. Porque la mar no ha intentado el alojarse en una nube. Yo prefiero morir en felicidad, que prolongar hasta siempre esta agonía.

Desperté con un lejano canto, solo. Ya era de día. Le grité y le busque hasta que ya no aguante y salte hasta el fondo…

… No recuerdo más. Han pasado días, a momentos enloquezco y maldigo mi existencia. A momentos, solo maldigo mi existencia. La sal ha dolido mis alas, que se han dispersado por toda la playa. Ya no vuelo. Ya no siento. Ya no puedo.

La angustia es un sentimiento humano que he estudiado. No es para mí. Pero tampoco lo era el amor. Quizá no debí conocerlo. Quizá no debí abandonarlo. Quizá si le hubiese dejado, aún seguiría cantando.

Hay peor injusticia que la de mi eternidad de entrega. Quien cuida de mi cuando estoy sufriendo. Donde esta mi ángel? Donde esta mi sireno…

Lo Que Quiero...

Me subo al carro junto a mis padres. Tal vez sea la última vez que volvamos a ella mientras aún es nuestra. Silencio en el viaje, la radio toca una canción cristiana y ni cuenta nos damos. Mi Papá me pregunta: “¿Que vas a querer para Navidad?”, yo no respondo. Mis ojos se sonrojan. Me siento vacío.

En el camino he perdido totalmente la noción del tiempo y el espacio. No se ni porque calle vamos. Todo esta tan oscuro. Solo recuerdo. Lo recuerdo todo, desde el día que llegamos y el pastito estaba cubierto de paja, el olor a pintura fresquita y los techos sin lámparas, inconclusos. Recuerdo haberme rodado las gradas al menos 6 veces, dos al intento. Aún puedo escuchar al Bobby ladrar como loco desde la casa del frente y a la vecina llamando a su hija mientras se besaba con su novio en la puerta.

Tantos años, tantas memorias. Si pondría un dólar sobre el mesón pelado de la cocina por cada recuerdo ingrato, podría amoblar la casa de nuevo. Si pondría un peso en la tina de mi baño por cada memoria dulce, podría comprarme la casa yo mismo. La casa, la casa...

Llegamos a la casa. En el lugar donde era la casa de mi vecino Rolando, el dueño del Bobby, hay ahora un multifamiliar horrible. Entramos y siento un frío que me estremece y me asusta. No hay luz, mi Papá se adelanta para subir el “Switch”. Toda la casa se enciende. El piso suena hueco, como si no hubiese nada debajo. Todo se ve más grande cuando esta vacío. Seguro por eso me veo yo también tan grande.

Entramos a mi dormitorio de niño. Veo que no pudieron sacar los “stickers” que puse en el ropero. Mi Madre me sigue al cuarto e intenta raspar con su uña uno de ellos, es inútil. Me doy la vuelta y muy tarde me doy cuenta que mi madre esta viendo como se me cae una lágrima. Me pregunta: “¿Que vas a querer para navidad?”.

Son al menos 14 años de mi vida que se quedan marcados en las alfombras, pese al intento de un equipo de 12 obreros de “Prolimpio”. ¡Cada cosa que a uno le pasa cuando de niño pasa a adolescente y de adolescente a adulto!. Para que me habré ido, debí haber vivido un poquito más aquí.

Y pensar que fui yo quien insistió a mis padres para que vendan la casa, porque ya no es segura. Con esto de las señales de los ladrones peruanos uno ya no puede ni contestar el teléfono porque puede que llamen para ver si estas solo, ni dejar de contestarlo, porque van a creer que esta vacía la casa y se van a entrar. Yo quería que vendan la casa por el bien de ellos, pero no pensé que estaría vendiendo mi infancia, mi juventud. “¿Hijito, que vas a querer para Navidad? O te compro yo nomás algo” me dice mi Madre, mientras me agarra y aprieta un poquito el hombro desde atrás. Yo miro mi baño.

Sigo paseando por toda la casa vacía. Se me escapa un suspiro y con el eco que hace me deprimo el doble. ¿Cuánta gente nos habrá visitado en todo este tiempo?. Escucho la puerta de calle abrirse y cerrarse haciendo ese ruido metálico, como un campanario, anunciando que ya llego mí hermana. Ya podemos cenar…

Mi Papa grita desde el otro cuarto: “¿Quien es?”. Mi hermana responde: “Papi, ¿quieres bajar un ratito? Baja y saluda al Licenciado que quiere comprar la casa. Mi Papa comienza a mostrarle la casa desde abajo. Mi hermana sube y me saluda. Ella esta tranquila. “¿Qué vamos a comprar para los Papas?”, me pregunta. Yo no respondo y salgo del cuarto.

Al rato se ha ido, yo ni le salude, me refugié en mi Garzonier, donde viví mi pocos años de efectiva juventud. Aún hay unos cuantos cuadernos que nadie llego a botar. Los recojo con gusto, así me llevo un pedacito de mi pasado conmigo. Me gusta la idea y arranco un pedazo del empapelado para llevármelo conmigo. Lo guardo en el cuaderno y el cuaderno en mi bolsillo, enrolladito. No se que más me puedo llevar. Lloro un poquito y me muerdo la lengua para no gritar que no quiero que vendan la casa, que me quiero quedar yo aquí.

Más recuerdos, más recuerdos, más recuerdos. Mi Padre me llama. Salgo, la reja que YO pinté de negra esta oxidada y rompiéndose de vieja. Todavía guarda pelitos blancos de mi perro el Nico. ¡Cuantas mascotas!. Puedo recordar ahora mismo más de 5 perros, como unos 20 pajaritos, loros, una tortuga, cinco hamsters y dos gatos. Quieren irse y yo no quiero, pero no hay nada más que hacer.

Que nadie se atreva a… “Que vas a querer para Navidad, hijo?” , pregunta mi Madre. “Parece que no necesitas nada”. Los tres me contemplan en la puerta. “Ahorita vuelvo, quiero despedirme de la casa”.

Entro a la cocina y abro cada gaveta, salgo al comedor, toco la ventana, voy al Living. Siempre le tuve miedo al Living. Quiero sentir una vez más ese miedito. Quiero llorar. Lloro. Abro la otra puerta. Esta con llave. Vuelvo a la cocina. Salgo. Subo las gradas. Toco la baranda, toco la cortina. Toco el ventanal. Ya no quiero entrar a mi cuarto porque voy a llorar. Entro al cuarto de mis padres, hasta el baño mismo. Veo por la ventana. Nada. Suspiro y comienzo a bajar. Ya no quiero llorar, solo estoy triste.

Salgo de la casa y cierro la puerta de madera, que solo se abre por dentro. Confirmo. Si, solo se abre por dentro. Que macana, quería volver a ver la cocina. Salgo y veo el jardín. Mi Mamá cuidaba mucho sus rosas. Las han sacado todas.

Me tocan bocina. Me emputo. Salgo de la casa y cierro la puerta. Saco de mi bolsillo la llave de la puerta de calle. Siempre la conservé en mi llavero. Aseguro la puerta con dos vueltas. Nunca harán que devuelva esa llave porque es MI llave.

Subo al auto. Silencio total. No hay radio. Mi Papá pone la calefacción. Me están llevando a mi casa. Mi hermana habla por teléfono y le cuenta a su marido que la venta fue un éxito. Cruzamos el puente y casi ya estamos ahí. Mil recuerdos, quiero llorar. No lloro.

Llegamos a mi casa, me bajo del auto. Me miran. Les digo: “Ya se lo que quiero para navidad…”. Todos miran mis ojos mojados. “Un hijo. Quiero un hijito”. Todos me miran. Me doy la vuelta y entro al edificio, subo al ascensor. Lloro. Lloro mucho. Lloro demasiado. Me despierto. Estuve llorando de dormido. Solo fue un sueño… pero en verdad quiero un hijo para navidad. Ya no quiero dormir.

La Carta

Me siento, me paro, me vuelvo a sentar.

Me encuentro divagante a la luz plena del sol y a la vez en el medio de la oscuridad. El lugar es árido como un desierto, pero a la vez frío como las montañas.

Me paro, aunque no hay nada que me bloquee la vista, no veo nada. Me vuelvo a sentar.

Grito, nadie me escucha. Tonto yo. Nadie me ha escuchado nunca ni siquiera cuando estoy rodeado de gente.

Soy lo único existente en esta nada. Por primera vez no soy invisible.

Me paro. Giro lentamente buscando la salida o la entrada. Cualquiera me sirve.

Me siento. Pienso. Este es – definitivamente – uno de esos momentos en los que no importa hacia donde vayas, lo que hagas o lo que digas, sabes a ciencia cierta que será el camino incorrecto, la acción errónea o lo mal dicho. No porque tenga la intención de hacer mal las cosas, sino porque ahorita ya no existe el bien.

Que más da. Por lo menos intentaré ser sincero conmigo y aceptare que estoy totalmente perdido. Pensaré, en serio, como llegué aquí.

Me desnudo. Me hace más frío. Me cago. Cada cuando puedes estar desnudo. A veces la gente pasa la vida sin desnudarse en serio.

Total aquí nadie me ve. Ni cuando estoy en mis mejores fachas me ve la gente, cuando hay gente. Mejor me quedo pelado.

Pienso, me desnudo y pienso. Pineso y descubro que hubo más de doscientos caminos correctos. Me doy cuenta que todo estuvo en mis manos. Que yo me traje a mi mismo hasta aquí. Yo me perdí solito.

Si. Estoy-soy perdido. Veo a la derecha, me pierdo – pierdo. Veo a la izquierda, me pierdo-pierdo. Donde mire arriba, atrás o adelante, hasta de puntitas, hasta de rodillas, pierdo- me pierdo.

(Me) he perdido.

Estoy jodido.

En realidad… la verdad es que yo no estoy jodido. Estoy Rejodido.

Si en diccionario de mi sobrinita, el que tiene dibujitos, estaría la palabra jodido encontraría mi foto. Mi foto con esta cara de boludo, de empute. De boludo emputado. Es más! Si en el diccionario de mi sobrinita estaría la palabra rejodido, podría ver ilustrada en papel cuché de alto gramaje, a full color y con barniz mi foto, aquí, ahorita. Con la misma cara de boludo. O quizá podrían quitar la cara de boludo, para no cansar, y poner una referencia: Buscar “jodido” Pag. 57.

Es que yo era un jodido, que no es lo mismo.

Me emputan todos los gringos porque en inglés ser y estar es lo mismo: “To be”, ¿no ve?. Los gringos en su tierra de los sueños.
I’m Bolivian
I’m fucked!

No pues, no es lo mismo ser jodido y estar jodido. En todo caso uno viene siendo la consecuencia de otro.

.

Suena mi teléfono, recibo un mail, me tocan la puerta, luego el timbre, el intercomunicador suena con ese sonido chinchoso, “You’ve got mail”, recibo mi correo con la carta, LA CARTA, me entero de todo por la tele. Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete.

Tengo siete problemitas. Uno más chiquito que el otro. Más bien ché.

- De que lloras! Cagate!

- Escucho voces, estoy cagado de loco.

Tengo siente problemotas. Uno más jodido que el otro.

En realidad no… tengo cuatro problemas grandes, uno bien jodido y dos que no creo que tengan solución. Ni eso, ni mi corbata. Nunca le jales el hilito de atrás a la corbata, nunca.

Debería vender problemas. Problemas de última generación, Pentium V son mis problemas. Ya han Pentium V, ¿no ve? ¿Alguien quiere comprar un problema? ¡Problema! ¡Problema!

Problema con corbata de regalo… Jajajajaja.

Yo me río.

Me paro, camino saliendo de la sombra del único árbol que me puede dar sombra y dejando la única roca en la que me puedo sentar, sigo caminando. Nada.

Sigo caminando, pensando, meditando y me encuentro una vez más, cara a cara, con la carta. De repente el timbre, mi celular, suena mi computador “You’ve got mail” me grita. Otra vez el timbre, me tocan la puerta, mi celular no para de sonar, intento abrir la carta, me corto con el papel, “You’ve got mail” “You’ve got mail” Maldita vida!

- ¿Cómo te vas a cortar con el papel?

Que cojudo.

Saco pedacitos del kleenex que tengo en el bolsillo desde no se cuando. Hago un par de taponcitos para mis oídos y me duermo.

Me despierto tempranito. Ni los pajaritos se han despertado. Apago mi celu, enciendo una vela y bajo la tensión eléctrica. “Lights off”. Descuelgo el teléfono.

Cojo la carta y la meto en mi maleta, bien al fondo. Pongo mi ropa favorita. Tantas memorias. Más bien las memorias no las guarda uno en maletas… Nadie viajaría… nadie quiere dejar sus memorias atrás. Algunas tal vez, pero poquitas. Hasta las malas memorias hay que llevarse para acordarse como no equivocarse.

Experiencia.

Quisiera llevar mi piedra y mi árbol, pero no me conviene. Nada me conviene. Nadie me conviene.

La nada.

Tomo mi maleta y la vacío en una bolsita de plástico. Ya no quiero la maleta.

Dejo la carta.

Sale el sol y comienzo mi viaje hacia la nada. Camino siguiendo un oriente que no tiene que ver con nada del pasado. A veces es lo mejor.

De repente, aparece un taxi. Me subo. Un avión. Me subo. Me piden mi visa y todo en orden.

No había sido tan jodido escaparse de los problemas.

Respiro, suspiro, sonrío.

Disolución

De tanto extrañarte, me estaba secando.
De tanta sed de ti, me estaba muriendo.
No sabes cuanto lloraba…
Llore tanto que no podía ni respirar.

De tanto sufrir comencé a beber mis lágrimas.
Y las que no bebía humedecían mi piel.
Hoy he bebido tanto que ya no tengo sed.
Me he mojado tanto que ya no estoy seco.
Se me acabaron las lágrimas y ya puedo respirar.

Sin embargo, aún te extraño.
Todavía se me escapan suspiritos,
Todavía se arquean mis labios cuando me acuerdo de algún momento juntos
Aún te sigo buscando entre las sábanas, que ya no soy tuyas.

No pensé que sería así.
La resaca debía ser más intensa
Como intenso fue el amor
Tal vez aún no he acabado de caer
Tal vez la caída era solo un mito

¿Y cuando te veo que?,
Es como ver a mi pasado
Por el futuro nunca pude ni podré observar
…y en mi presente se que ya no estas.

¿Pensarás en mi alguna vez?
¿Te habrás arrepentido?
¿Sentirás que te hago falta?
¿Querrás dar un paso atrás?

Solo por si acaso…
Suéñame un poquito más…
No borres mi nombre de corazón…
Ni olvides mi voz al despertar.

Solo por si acaso,
Tal vez cuando al fin quieras llorar
Sea porque ya me has perdido
Y ya no me deje encontrar.

Al Fin Caigo Dormido...

Al fin caigo dormido. Ya no cuento ovejas. Solo cuento… en regresivo.

Muero en la noche y al amanecer vuelvo a vivir. Lentito.

Me despierto tempranito en la mañana, porque si no, no me alcanza el día ni a patadas.

Lo primero que viene a mi cabeza, como un flash (Mierda! Porque mi vida es tan monótona) son las veintiún mil cosas que debí hacer ayer y que ya no llegue ni a revisar. Los días me están comiendo y ya llega fin de año. No queda tiempo para solamente pensar. Pienso mientras tomo una ducha – rápida. Pienso mientras me lavo la boca con mucho cuidado porque no puedo darme la libertad de tener caries. Ir al dentista es un desperdicio de tiempo que no puedo costear.

Pienso mientras pienso en que traje me pongo. Vivo por instantes un debate intenso. Estoy entre el gris oscuro, el azul marino, el marengo oscuro, el café oscuro o el que parece negro, pero es azul oscuro, Mejor me pongo el negro,. Al final da igual, nadie me va a mirar. Hoy también soy invisible.

Todos me van a ver, pero nadie me va mirar (No se si me quiero).

Es un mostrador de vidrio templado, la vida.

Me visto. Comienzo por mis boxers de conejitos y mis medias negras “textilon”.

- Las medias negras van con casi cualquier color de terno -

¡Como me gustan mis boxers de conejitos!

¡No Mamá! Jamás voy a acabar de madurar – Pienso a gritos.

Si mis colegas supiesen que uso boxers de conejitos, estoy seguro que no me tomarían en serio. Si supieran que hasta el día de hoy sigo leyendo mis historietas de Calvin and Hobbes, seguro se reirían mucho de mi.

El terno me ahoga y al ponerme el saco ya me siento cansado.

Miro mi reloj y ya es tarde., siempre es tarde.

Me ajusto la corbata mientras pienso en hace cuanto tiempo que no se escucha una palabra en mi departamento, semi-amoblado de paredes blancas.

Deben ser tres meses.

…una mañana más sin desayuno.

Mierda! Tengo que engordar. No puedo darme el gusto de enfermar, podrían reemplazarme fácilmente en la oficina y me quedo sin trabajo. La hipoteca, el préstamo del pago del terreno en Los Yungas, el seguro del auto, mi pasanacu, la membresía de “Los Sargentos”, los regalos de navidad, mi tarjeta VISA de oro y las parrilladas de mi promo! No puedo costearme un despido ahorita. En menos de un mes estaría ahogado en deudas.

- Estoy ahogado en tantas cosas ahorita -

El ascensor llega a la planta baja, saludo al portero y sonrío (Sonrisa de calendario, súper fingida), a la doñita que esta llegando al edificio. Pierdo el único taxi libre por chequear a una minita. Pierdo otro taxi por chequear a un tipo. Que me esta pasando! Yo no puedo darme el gusto de ser homosexual. Podría perder mi trabajo por marica.

Un minuto de descanso en el taxi. Respiro rico por una sola vez. Ahora ya no podré decir que no tuve ni un respiro en todo el día (Todos somos mentirosos).

Me acuerdo que tenía una cita a las ocho en punto, estoy tarde. Busco mi agenda y recuerdo que la deje en la oficina. Busco en mi celular (Último modelo, que me costo un huevo) el número en “llamadas recibidas”. No lo encuentro. Cague! Ya comencé mal el día y para colmo el sol brilla en el cielo azul y hasta hace calorcito… pudo haber sido un buen día. Lo cagué.

LA CAGUE!

Llego a la ofi y el cliente se ha ido (Hijo de mil putas)

Mierda.

Suspiro.

Respiro.

Me aflojo la corbata y son recién las ocho con veintiun (Odio mi vida)

Mierda.

Quisiera comenzar de nuevo. Quisiera comenzar de cero. Quisiera volver a nacer. (Pegarme un tiro). Sacar gajo y botar la planta vieja. Autochaquearme, perder la memoria, resetearme. (Tirarme del puente). Hacer borrón y cuenta nueva. Que me condonen la deuda, hacerme asamblea constituyente y nacionalizar de nuevo mi vida. Esta vez para mi solito. Si es que aún queda alguito de ella.

Suspiro.

Me ajusto otra vez la corbata. (Fuerza cojudo, eres de hierro)

Miro mi agenda, para dejar de pensar. Es mi cumpleaños. (¡Que lindo!) Mierda otra vez. Me van a querer festejar y eso también es una perdida de tiempo. No puedo darme el gusto de perder una hora de mi vida para que festejen los treinta. Treinta… cambio de dígito. No he acabado el informe sobre el cambio de los dos últimos dígitos del sistema de control de inventarios. Me van a despedir.

No quiero cumplir un año más sin haber cumplido con ninguno de mis objetivos de vida. Se me están acabando los años (Ya soy todo un hombre, todo un ejecutivo).

Intento leer los cuarenta y cinco correos electrónicos acumulados en las últimas siete horas. Hay cinco llamadas de atención, cuatro porque no respondo a tiempo mi correo (Jajajajajajaja); una felicitación por algo que no recuerdo haber hecho; dos cadenas que si no reenvío pronto pongo en riesgo la vida de mi familia y mis amigos(No sabía que tenía amigos); cuatro anuncios de que Hotmail se cierra, hoy también he ganado cuatro loterías, dos millonarios me quieren regalar su fortuna; un mail de mi jefe y un mail automático de la telefónica que me desea feliz cumpleaños.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Suena mi (Puto) teléfono. Es de la telefónica. Me llaman para contarme que por ser cliente VIP (Soy importante, y no me gusta) me regalan, en ocasión de mi cumpleaños, 30 minutos libres. Uno por año. Cuando quiero agradecer me doy cuenta que es una maquina la que me habla y me cuelga. Nunca me había colgado una máquina.

(Que rica voz de la ñata de la maquina, debe ser bonita)

Me aflojo la corbata.

Trae café la secretaria. Lo hecha. La insulto. La insulto otra vez. La insulto y humillo mientras sale asustada (La odio porque entro con una sonrisa y parecía feliz). Me odio. Me odio con odio jarocho. El odio jarocho es el peor de los odios. Es de esos odios con rencor y ketchup que se te impregnan hasta en la ropa y no salen totalmente ni con lavandina. Son un maldito y me odio de nuevo.

Yo no era tan maldito (cuando era feliz).

Levanto el teléfono y llamo a la secretaria para pedirle disculpas. Afino la voz. No contesta. Mejor así. Hubiese pensado que soy débil (Psss Claro! Si soy débil). Nadie debe pensar que soy débil, que me duermo llorando, que siento que mi vida personal es un fracaso, que estoy solo, que sufro, que estoy enfermo y que pronto me voy a morir.

Pronto me voy a morir (No se si odio la idea).

Otra vez me aflojo la corbata.

Quisiera comenzar otra vez. Quisiera comenzar de inicio. Quisiera volver a ser un bebe. Hacerme semilla y germinar otra vez. Reinventarme, volver a ser virgen, reiniciarme. Hacer borrón y cuenta nueva. Que me perdonen la vida, hacerme rodillo parlamentario y cambio de gobierno y luego nacionalizar de nuevo mi vida. Esta vez solo para mi. Tengo mucha fe en que aún quede un poquito de ella.

¡Las horas son tan largas en la oficina!

Me ajusto una vez más la corbata (Soy un robot).

Firmo, firmo, firmo. Autorizo, prohíbo, censuro, permito. ¡Quien mierda me creo yo para “permitir”! Me mancho la camisa “Versace” con la puta lapicera…

Siempre guardo una camisa y una corbata de repuesto en el último cajón de mi escritorio por (si me mancho con Semen)… por si acaso.

La camisa blanca y la corbata roja combinan con casi todo.

Cierro la cortina del frente, la del costado y aseguro la puerta por dentro. Agarro mi camisa manchada y comienzo a llorar mordiendo fuerte para que nadie me escuche. No quiero que me digan maricón. Lloro tanto que me comienzo a transpirar. Lloro de forma tan intensa que me comienza a sangrar la nariz (Maricón). Se me esta cayendo el pelo, estoy estreñido desde hace dos semanas, tengo ojeras de mapache, mis labios están rajados, tengo el pelo demasiado largo y he perdido demasiado peso.

- DEMASIADO -

Me tomo el café de un sorbo. Estaba sin azúcar. Mejor así.

Suena mi teléfono y al ver el identificador me ajusto la nueva corbata.

Me llama mi jefe desde Miami y comienza hablarme de una y otra cosa sin parar (Sin parar, sin parar, sin para, sin parar). No quiere parar mi jefe. Suena mi celular “Ta-Da!” la batería se esta acabando. La batería se me esta acabando (pronto me voy a morir). Le digo: Se esta muriendo mi celular – junto conmigo, pienso- mi jefe sigue hablando a la tercera recién me escucha y me cuelga sin despedirse.

Mi celular y yo seguimos vivos.

Llama mi mejor amigo. Hace tanto tiempo que no lo veo. Me saluda bonito y me dice: “Oiga Treintañero, Mil Felici…” – Se corta el celular.

Apenas toco el teclado de mi computador y han pasado cincuenta horas que se resumen en una jornada laboral. Un día más de trabajo, un día menos de vida. Me he dado cuenta que me pagan morirme cada día un poquito. Me duelen los ojos. RESUMEN: Catorce ajustes y aflojes de corbata. Me pongo lágrimas artificiales, porque creo que las naturales se acabaron.

Ya es de noche. No comí nada. Me duele a barriga. No puedo pensar (Solo quiero llorar). Me pongo un abrigo, ajusto la corbata y salgo a la calle (Solo quiero llorar). Todo detenido. El tráfico es horrible a esta hora y a cualquiera en la que yo este en la calle. Sorpresivamente comienza a llover a cantaros. Que más da. Ya nada me puede molestar.

A momentos, creo que siento que quisiera llorar.

Camino con el cigarro apagado, aún entre los dedos. No hay ningún taxi. Comienzo a ir calle abajo y de repente, sin poder respirar una vez más en paz, alguien me toma por el cuello – Si no quieres morirte solta tu maletín y dame tu billetera -me dice.

Me quedo en silencio y no le doy nada.

- Carajo, solta tu billetera si no quieres que te mate, hijo de puta! – Me grita otra vez. Esta es la primera vez que alguien me dice hijo de puta a la cara. Seis veces me lo han dicho a la espalda. Dos veces me lo han escrito. Ah no, tres.

Quisiera, en verdad, que me mate.

Un mar de angustia nace instantáneamente en mi pecho y comienzo a llorar. ¡GRITO! Chillo tan fuerte que el ladrón se asusta y se va corriendo con mi maletín. Yo me quedo en el piso, llorando, gritando…

Cuando para de llover me doy cuenta que hay un circulo de gente a mi alrededor. Todos me miran, llega una patrulla y una ambulancia.

Hace rato que ya pare de gritar.

Miro a mi costado y hay un charco de sangre, de mi sangre (Esta pasando! Me estoy muriendo! Es mi momento!). Irónicamente, no me duele nada. No me duele nada físico.

El dolor del alma había sido más fuerte que el dolor del cuerpo. No paro de llorar – en silencio - pero no me duele nada.

Me suben a la ambulancia.

Todo gris.

Todo raro.

Todo oscuro.

Alguien me afloja la corbata.

No entiendo nada.

Me esta lloviendo en la cara.

Estoy perdido.

-No tengo a nadie -respondo.

Hubiese querido comenzar de cero. Volver a ser chiquito. Nacer en otro país. Hubiese querido tener otro nombre, hubiese querido besar más y pensar menos. Llamar más y colgar menos. Soñar más y olvidar menos.

Hubiese querido ser libre, estar vivo y poder sentir; poder respirar a gusto, caminar lentito y llorar a gritos.

Hubiese querido querer más, para poder, para lograr.

…No tengo a nadie, repito… nadie…