Mostrando las entradas con la etiqueta monologo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta monologo. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de enero de 2007

Al Fin Caigo Dormido...

Al fin caigo dormido. Ya no cuento ovejas. Solo cuento… en regresivo.

Muero en la noche y al amanecer vuelvo a vivir. Lentito.

Me despierto tempranito en la mañana, porque si no, no me alcanza el día ni a patadas.

Lo primero que viene a mi cabeza, como un flash (Mierda! Porque mi vida es tan monótona) son las veintiún mil cosas que debí hacer ayer y que ya no llegue ni a revisar. Los días me están comiendo y ya llega fin de año. No queda tiempo para solamente pensar. Pienso mientras tomo una ducha – rápida. Pienso mientras me lavo la boca con mucho cuidado porque no puedo darme la libertad de tener caries. Ir al dentista es un desperdicio de tiempo que no puedo costear.

Pienso mientras pienso en que traje me pongo. Vivo por instantes un debate intenso. Estoy entre el gris oscuro, el azul marino, el marengo oscuro, el café oscuro o el que parece negro, pero es azul oscuro, Mejor me pongo el negro,. Al final da igual, nadie me va a mirar. Hoy también soy invisible.

Todos me van a ver, pero nadie me va mirar (No se si me quiero).

Es un mostrador de vidrio templado, la vida.

Me visto. Comienzo por mis boxers de conejitos y mis medias negras “textilon”.

- Las medias negras van con casi cualquier color de terno -

¡Como me gustan mis boxers de conejitos!

¡No Mamá! Jamás voy a acabar de madurar – Pienso a gritos.

Si mis colegas supiesen que uso boxers de conejitos, estoy seguro que no me tomarían en serio. Si supieran que hasta el día de hoy sigo leyendo mis historietas de Calvin and Hobbes, seguro se reirían mucho de mi.

El terno me ahoga y al ponerme el saco ya me siento cansado.

Miro mi reloj y ya es tarde., siempre es tarde.

Me ajusto la corbata mientras pienso en hace cuanto tiempo que no se escucha una palabra en mi departamento, semi-amoblado de paredes blancas.

Deben ser tres meses.

…una mañana más sin desayuno.

Mierda! Tengo que engordar. No puedo darme el gusto de enfermar, podrían reemplazarme fácilmente en la oficina y me quedo sin trabajo. La hipoteca, el préstamo del pago del terreno en Los Yungas, el seguro del auto, mi pasanacu, la membresía de “Los Sargentos”, los regalos de navidad, mi tarjeta VISA de oro y las parrilladas de mi promo! No puedo costearme un despido ahorita. En menos de un mes estaría ahogado en deudas.

- Estoy ahogado en tantas cosas ahorita -

El ascensor llega a la planta baja, saludo al portero y sonrío (Sonrisa de calendario, súper fingida), a la doñita que esta llegando al edificio. Pierdo el único taxi libre por chequear a una minita. Pierdo otro taxi por chequear a un tipo. Que me esta pasando! Yo no puedo darme el gusto de ser homosexual. Podría perder mi trabajo por marica.

Un minuto de descanso en el taxi. Respiro rico por una sola vez. Ahora ya no podré decir que no tuve ni un respiro en todo el día (Todos somos mentirosos).

Me acuerdo que tenía una cita a las ocho en punto, estoy tarde. Busco mi agenda y recuerdo que la deje en la oficina. Busco en mi celular (Último modelo, que me costo un huevo) el número en “llamadas recibidas”. No lo encuentro. Cague! Ya comencé mal el día y para colmo el sol brilla en el cielo azul y hasta hace calorcito… pudo haber sido un buen día. Lo cagué.

LA CAGUE!

Llego a la ofi y el cliente se ha ido (Hijo de mil putas)

Mierda.

Suspiro.

Respiro.

Me aflojo la corbata y son recién las ocho con veintiun (Odio mi vida)

Mierda.

Quisiera comenzar de nuevo. Quisiera comenzar de cero. Quisiera volver a nacer. (Pegarme un tiro). Sacar gajo y botar la planta vieja. Autochaquearme, perder la memoria, resetearme. (Tirarme del puente). Hacer borrón y cuenta nueva. Que me condonen la deuda, hacerme asamblea constituyente y nacionalizar de nuevo mi vida. Esta vez para mi solito. Si es que aún queda alguito de ella.

Suspiro.

Me ajusto otra vez la corbata. (Fuerza cojudo, eres de hierro)

Miro mi agenda, para dejar de pensar. Es mi cumpleaños. (¡Que lindo!) Mierda otra vez. Me van a querer festejar y eso también es una perdida de tiempo. No puedo darme el gusto de perder una hora de mi vida para que festejen los treinta. Treinta… cambio de dígito. No he acabado el informe sobre el cambio de los dos últimos dígitos del sistema de control de inventarios. Me van a despedir.

No quiero cumplir un año más sin haber cumplido con ninguno de mis objetivos de vida. Se me están acabando los años (Ya soy todo un hombre, todo un ejecutivo).

Intento leer los cuarenta y cinco correos electrónicos acumulados en las últimas siete horas. Hay cinco llamadas de atención, cuatro porque no respondo a tiempo mi correo (Jajajajajajaja); una felicitación por algo que no recuerdo haber hecho; dos cadenas que si no reenvío pronto pongo en riesgo la vida de mi familia y mis amigos(No sabía que tenía amigos); cuatro anuncios de que Hotmail se cierra, hoy también he ganado cuatro loterías, dos millonarios me quieren regalar su fortuna; un mail de mi jefe y un mail automático de la telefónica que me desea feliz cumpleaños.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Suena mi (Puto) teléfono. Es de la telefónica. Me llaman para contarme que por ser cliente VIP (Soy importante, y no me gusta) me regalan, en ocasión de mi cumpleaños, 30 minutos libres. Uno por año. Cuando quiero agradecer me doy cuenta que es una maquina la que me habla y me cuelga. Nunca me había colgado una máquina.

(Que rica voz de la ñata de la maquina, debe ser bonita)

Me aflojo la corbata.

Trae café la secretaria. Lo hecha. La insulto. La insulto otra vez. La insulto y humillo mientras sale asustada (La odio porque entro con una sonrisa y parecía feliz). Me odio. Me odio con odio jarocho. El odio jarocho es el peor de los odios. Es de esos odios con rencor y ketchup que se te impregnan hasta en la ropa y no salen totalmente ni con lavandina. Son un maldito y me odio de nuevo.

Yo no era tan maldito (cuando era feliz).

Levanto el teléfono y llamo a la secretaria para pedirle disculpas. Afino la voz. No contesta. Mejor así. Hubiese pensado que soy débil (Psss Claro! Si soy débil). Nadie debe pensar que soy débil, que me duermo llorando, que siento que mi vida personal es un fracaso, que estoy solo, que sufro, que estoy enfermo y que pronto me voy a morir.

Pronto me voy a morir (No se si odio la idea).

Otra vez me aflojo la corbata.

Quisiera comenzar otra vez. Quisiera comenzar de inicio. Quisiera volver a ser un bebe. Hacerme semilla y germinar otra vez. Reinventarme, volver a ser virgen, reiniciarme. Hacer borrón y cuenta nueva. Que me perdonen la vida, hacerme rodillo parlamentario y cambio de gobierno y luego nacionalizar de nuevo mi vida. Esta vez solo para mi. Tengo mucha fe en que aún quede un poquito de ella.

¡Las horas son tan largas en la oficina!

Me ajusto una vez más la corbata (Soy un robot).

Firmo, firmo, firmo. Autorizo, prohíbo, censuro, permito. ¡Quien mierda me creo yo para “permitir”! Me mancho la camisa “Versace” con la puta lapicera…

Siempre guardo una camisa y una corbata de repuesto en el último cajón de mi escritorio por (si me mancho con Semen)… por si acaso.

La camisa blanca y la corbata roja combinan con casi todo.

Cierro la cortina del frente, la del costado y aseguro la puerta por dentro. Agarro mi camisa manchada y comienzo a llorar mordiendo fuerte para que nadie me escuche. No quiero que me digan maricón. Lloro tanto que me comienzo a transpirar. Lloro de forma tan intensa que me comienza a sangrar la nariz (Maricón). Se me esta cayendo el pelo, estoy estreñido desde hace dos semanas, tengo ojeras de mapache, mis labios están rajados, tengo el pelo demasiado largo y he perdido demasiado peso.

- DEMASIADO -

Me tomo el café de un sorbo. Estaba sin azúcar. Mejor así.

Suena mi teléfono y al ver el identificador me ajusto la nueva corbata.

Me llama mi jefe desde Miami y comienza hablarme de una y otra cosa sin parar (Sin parar, sin parar, sin para, sin parar). No quiere parar mi jefe. Suena mi celular “Ta-Da!” la batería se esta acabando. La batería se me esta acabando (pronto me voy a morir). Le digo: Se esta muriendo mi celular – junto conmigo, pienso- mi jefe sigue hablando a la tercera recién me escucha y me cuelga sin despedirse.

Mi celular y yo seguimos vivos.

Llama mi mejor amigo. Hace tanto tiempo que no lo veo. Me saluda bonito y me dice: “Oiga Treintañero, Mil Felici…” – Se corta el celular.

Apenas toco el teclado de mi computador y han pasado cincuenta horas que se resumen en una jornada laboral. Un día más de trabajo, un día menos de vida. Me he dado cuenta que me pagan morirme cada día un poquito. Me duelen los ojos. RESUMEN: Catorce ajustes y aflojes de corbata. Me pongo lágrimas artificiales, porque creo que las naturales se acabaron.

Ya es de noche. No comí nada. Me duele a barriga. No puedo pensar (Solo quiero llorar). Me pongo un abrigo, ajusto la corbata y salgo a la calle (Solo quiero llorar). Todo detenido. El tráfico es horrible a esta hora y a cualquiera en la que yo este en la calle. Sorpresivamente comienza a llover a cantaros. Que más da. Ya nada me puede molestar.

A momentos, creo que siento que quisiera llorar.

Camino con el cigarro apagado, aún entre los dedos. No hay ningún taxi. Comienzo a ir calle abajo y de repente, sin poder respirar una vez más en paz, alguien me toma por el cuello – Si no quieres morirte solta tu maletín y dame tu billetera -me dice.

Me quedo en silencio y no le doy nada.

- Carajo, solta tu billetera si no quieres que te mate, hijo de puta! – Me grita otra vez. Esta es la primera vez que alguien me dice hijo de puta a la cara. Seis veces me lo han dicho a la espalda. Dos veces me lo han escrito. Ah no, tres.

Quisiera, en verdad, que me mate.

Un mar de angustia nace instantáneamente en mi pecho y comienzo a llorar. ¡GRITO! Chillo tan fuerte que el ladrón se asusta y se va corriendo con mi maletín. Yo me quedo en el piso, llorando, gritando…

Cuando para de llover me doy cuenta que hay un circulo de gente a mi alrededor. Todos me miran, llega una patrulla y una ambulancia.

Hace rato que ya pare de gritar.

Miro a mi costado y hay un charco de sangre, de mi sangre (Esta pasando! Me estoy muriendo! Es mi momento!). Irónicamente, no me duele nada. No me duele nada físico.

El dolor del alma había sido más fuerte que el dolor del cuerpo. No paro de llorar – en silencio - pero no me duele nada.

Me suben a la ambulancia.

Todo gris.

Todo raro.

Todo oscuro.

Alguien me afloja la corbata.

No entiendo nada.

Me esta lloviendo en la cara.

Estoy perdido.

-No tengo a nadie -respondo.

Hubiese querido comenzar de cero. Volver a ser chiquito. Nacer en otro país. Hubiese querido tener otro nombre, hubiese querido besar más y pensar menos. Llamar más y colgar menos. Soñar más y olvidar menos.

Hubiese querido ser libre, estar vivo y poder sentir; poder respirar a gusto, caminar lentito y llorar a gritos.

Hubiese querido querer más, para poder, para lograr.

…No tengo a nadie, repito… nadie…