martes, 16 de septiembre de 2008

Los consejos del pajaro del alma

LOS CONSEJOS DEL PAJARO DEL ALMA

Durante las últimas semanas, a la espera del retorno del Rey, el Príncipe había cuidado mantener muy buen contacto con él. Para esto, había organizado cuidadosamente una agenda la que le permitía saber el lugar exacto donde el Rey se encontraría en específicos días, a especificas horas y a diario, enviaba mensajes al lugar exacto, para dejarle saber al Rey todo lo que se pudiese escribir. Para dicha de ambos, el Rey había respondido entusiasta a cada uno de los mensajes del Príncipe, quien se sentía contento al mantener tan cercano contacto a pesar de la distancia.

Los días de espera pasaban, algunos rápido, otros lento y a pesar de la distancia y del poco tiempo que el Rey y Príncipe habían llegado a conocerse antes del viaje, tal era la emoción y la seguridad del Príncipe sobre sus sentimientos que había puesta en ejecución un plan para lograr ser el mejor hombre que podía ser, para el Rey que se había adueñado de cada pensamiento suyo y que le arrancaba profundos suspiros, una y otra vez.

Como parte de este plan, el Príncipe había comenzado a estudiar y leer sobre aquellos aspectos relacionados con los conocimientos del Rey, se había acercado mucho a Dios, a quien le pedía que bendiga esa nueva relación; había mejorado sus hábitos y su salud, se había encargado de refaccionar el castillo y había solucionado todos aquellos problemas del Reino que podrían ocasionar desarmonía tras el esperado retorno.

Al pasar de las semanas el Príncipe se sentía un hombre puro y nuevo, cada vez más preparado para el retorno de su Rey. Desde luego, el pájaro de su alma había acompañado cada acción y cada progreso del Príncipe, atestiguando las mejoras que podía ver y feliz al ver todo lo que los sentimientos del corazón pueden lograr en un ser humano.

Cierto día, el pájaro del Alma noto que la actitud del Príncipe no era la misma. Había duda en sus ojos y se notaba cierta frustración en su rostro. El pájaro observo durante todo el día al Príncipe, quien siguió con su rutina sin cambio alguno, pero, notoriamente, con otra actitud. Al caer el sol, mientras ambos volvían al castillo, el pájaro, preocupado al no haber logrado concluir la razón de tan repentino cambio, decidió preguntar al Príncipe sobre lo que pasaba…

- Te he notado diferente - Le dijo con voz suave - Aunque tu rutina ha sido la misma que en anteriores días y puedo ver que sigues buscando la auto superación, algo ha cambiado. ¿Me equivoco? Pregunto el Pájaro del Alma del Príncipe, a lo que este respondió:
- A quien he de contar lo que pasa por mi mente si no es a ti, Pájaro del alma mía. Estoy agradecido contigo por el interés que tienes en mi bienestar. Esta mañana he recibido como de costumbre el mensaje del Rey, quien me ha mandado palabras que me llenan de alegría y de fuerzas para convertirme en un mejor hombre, como siempre. Sin embargo, algo entre sus letras me ha dejado un tanto preocupado, pues he notado cierta inseguridad en el, en relación a lo nuestro.
- ¿Dime, príncipe, que es lo que te preocupa?
- ¿Sera, pájaro de mi alma, que si bien la distancia a mi no me ha alejado del Rey, si lo haya alejado a el de mí y me este olvidando, poco a poco? Hasta hoy no había pasado por mi cabeza que a su regreso nuestro futuro no sea el que yo quiero para nosotros. ¿No serán mis intentos de ser un mejor hombre insuficientes para él?

El pájaro del Alma no dijo nada. Ambos llegaron al castillo y se sentaron juntos a la mesa para la cena. Ambos comieron esa noche en silencio y luego, se dispusieron hacia la habitación del príncipe para descansar. Al llegar a la habitación, el Príncipe pregunto al Pájaro de su alma sobre su silencio. A lo que este respondió:

- No te he respondido, porque he preferido analizar cuidadosamente lo que me has dicho. Los pájaros del Alma queremos siempre guiar por los caminos correctos. Debes aprender que las cosas no siempre pasaran en el momento que tu deseas, sino cuando el tiempo sea correcto. No lo olvides. Así como yo hablo contigo, el Rey tiene un pájaro en su alma. El es sabio y cauteloso y le enseña a darle el tiempo correcto a cada cosa.

No olvides tampoco que cuando los sentimientos del corazón son buenos y puros, Dios esta de tu lado acompañando cada paso tuyo y del Rey.

Debes también aprender que a veces los sentimientos nos pueden jugar malas pasadas. Si bien no dudo que sientas al Rey en tu corazón, a veces es inevitable que la distancia te haga temer y te cause dudas e inseguridad. Cuando estos fantasmas aparezcan en tu camino. Debes preguntarte si son reales o ficticios.

He leído cuidadosamente el mensaje del Rey y no encuentro duda en sus palabras. Si no solo una intención de continuar descubriéndose uno a otro a su retorno, para que cada paso que den juntos, en el futuro, sea siempre dado con fortaleza y seguridad. ¿Acaso tu también no deseas eso?

- ¡Desde luego! Mi querido Pájaro – Respondió el Príncipe.

- Finalmente, debes comprender que aquellos esfuerzos que llevas haciendo para ser un mejor hombre, no desaparecerán inclusive si el Rey no retornase nunca al castillo. Y veras que aun así, tú te habrás convertido en un mejor hombre, aun así el castillo se será un mejor lugar para vivir y te sentirás más cómodo en el que antes. Aun así habrás acercado tu alma a Dios. Aun así habrás adquirido nuevos conocimientos y sobre todo, aun así guardaras en tu corazón los bellos momentos que pasaste junto a él, por más breve que haya sido su historia.

Si tu motivación es el Rey, agradécele, porque inclusive pese al tiempo y la distancia, este ha logrado tocar tu vida de forma positiva y está generando beneficiosos cambios en ti. ¿No es eso grandioso? – Pregunto el Pájaro.

Esta vez fue el Príncipe quien se mantuvo en silencio mirando la luna llena y luego de unos minutos tomo en sus brazos al pájaro y lo abrazo con mucha ternura. Después lo miro y le dijo:

- Ahora todo está claro. Gracias a ti, desde hoy la paciencia, la calma y la constancia a la luz de los sentimientos del corazón alimentaran cada uno de mis pensamientos, cada día. Casi olvido que Dios conduce los destinos de las personas hacia los lugares que corresponden y en el debemos entonces confiar en que todo estará bien, inevitablemente.

Inmediatamente después, el Príncipe se dirigió a un escritorio, encendió una par de velas y son una sonrisa en el rostro tomo una pluma del tintero y comenzó a escribir un nuevo mensaje a su Rey. El pájaro, de regreso en su alma, pudo ver que la armonía y la paz habían vuelto al rostro y a los ojos del Príncipe.

FIN

No hay comentarios.: