Todo oscuro.
Escucho la lluvia caer sobre el techo que golpea con todas sus fuerzas aunque el agüita cae lento con el viento - que logro sentir en mi rostro- .
Mi tía decía que cuando el cielo llora es porque los angelitos están tristes.
Mi vecino decía que San Pedro se estaba meando. “Deja de mear puej San Pedro” decía.
Todo sigue oscuras. Un rayo. Un trueno.
Con el miedo que traigo - entre otras cosas - no debería estar a oscuras. Abro los ojos.
Todo oscuro.
Suelto el osito que abrazaba y me siento lentamente en la puntita de la cama, como para darme mi lugar. Esta pena que siento no me da para más. Cierro mis ojos otra vez y se me caen dos lágrimas. Las dos del mismo ojo.
No debería estar llorando.
El frío llega a mi cuerpo pelado, mis manos se aferran con fuerza a ese bordecito de la cama como queriendo desgarrar las sábanas, como si bajo la cama hubiese un precipicio.
… de repente entre la angustia que oprime mi pecho y esa temblorina que hace vibrar la casa entera – por el frío, no por cobarde- respiro hondo y sale un suspiro que se come como tres almas que iban rondando por ahí en ese momento.
Las almas escapan inmediatamente de mis entrañas al sentir mi pena. Una lágrima más cae, pero la garro justo en mi mejilla.
Limpio la mano mojada en la sábana.
Me pongo de pié rápidamente con un respiro profundo que llena mi pecho adolorido, presionándolo contra la angustia e intentando ser fuerte de nuevo. Caigo otra vez sentado…
…derrotado…
En que estaba pensando…
Pena, angustia, dolor, rabia, odio, lástima por mi mismo y por lo que he perdido. Ira, nervios, cansancio y despecho porque no me diste otra oportunidad. Porque yo no me di otra oportunidad.
Exactamente junto a la angustia me acuerdo que mañana es el cumpleaños de mi Madre. Pena, más pena, mucha pena.
Caen tantas lagrimas, tan rápido que no logro contarlas, ni agarrar ninguna.
Con los codos apoyados en las rodillas, me tapo la cara, me agarro el pelo y realizo elegantemente - nunca vulgar- el típico cuadro del llanto “a mares” con pucheros y todo. Lo has debido ver en el cine o en alguna pintura.
Soy una vergüenza de hombre.
“Que vergüenza” diría mi madre!. No perdón, mi Madre no. Ahora que recuerdo es mi Padre el odia que llore. Mi madre lo que diría es “Guarda esas lágrimas para cuando me muera…”. Mañana es su cumpleaños. Cumple cincuenta y cuatro mi viejita. Hay mi viejita… se pone cada día más linda.
Me siento mareado, ¿tan rápido? Me fijo la hora, son las doce y cero tres minutos. Agarro coraje hasta de la lluvia y luego de respirar profundo y de darme yo mismo dos lapos – bien dados – para despabilarme, cojo el teléfono.
“Alo” dice mi Madre con esa voz de locutor, de mujer fuerte. “Hola Mamita, quería ser el primero en felicitarte”. “Ah, hola hijo, ¿que hora es?” Su voz me hace flaquear. Tan linda, tan fuerte mi viejita. Un respiro profundo otra vez “Felicidades Mamita. Te quiero mucho. Solo era eso. Dormí nomás”. Mi voz no tembló ni por un segundo. Se despide y colgamos.
Sobre todo te quiero mucho. Sobre todo te quiero mucho mamita. Le digo a la distancia.
La verdad es que poco me importa su cumpleaños porque yo la quiero mucho todos los días.
Me siento más aliviado.
Mis ojos han recuperado la vista que antes estaba empañada por las lágrimas malcriadas que salían sin permiso. Mi viejo estaría orgulloso. Estoy más cagado que la mierda misma y ni una lágrima cae por mi rostro.
Me debo ver como la mierda.
Me quedo unos minutos sin hacer gesto alguno.
Me mareo.
¿Que hora es?
Solo han pasado cuatro minutos. Generalmente en las noches los minutos son más largos, deben tener como unas dos horas cada uno, que pueden ser hasta tres si llueve y hasta cinco si hace mucho frió y estas solo.
…estoy solito…que frío hace…
- Peor que estar solito es sentirse solito.-
…¡No me arrepiento de NADA de lo que hice!. Lo mínimo que me puedo regalar a mi mismo es orgullo. Además ya llega navidad.
¡NO!
… no me conviene…
Me arrepiento de todo mal que haya hecho a todas las personas con las alguna vez he estado en contacto. Así lo haya hecho sin darme cuenta, como esa vez que “mierdeé” al taxista porque no se apuraba o la vez que acuse – sin motivo – a la empleada de haberse robado mis boxers.
Pido perdón a todo aquel al que no salude nunca y al que deje de saludar. También a quien me saludo y simplemente no vi.
También pido perdón por ver UNITEL y el Telepolicial.
Al final no creo que yo sea tan malo. Me arrepiento de todo lo que hice, pero también hice muchas cosas buenas aunque ahorita mismo no recuerde ninguna. Es que estoy “depre”.
Perdón por no despedirme.
El frío me esta haciendo parir. Me meto en cama, solo en un rinconcito. Tomo mis piernas con mis brazos y caigo en llanto. ¡MIERDA! ¡No me arrepiento de nada!
Esta bien, yo sabía que la vida no era “Light”. Sabía que era jodida. No es mi intención reclamar a nadie por todo lo que me ha pasado. ¡Cuando me he corrido de algo! Es solo que fue muy de golpe. Ok, no es fuerte el que nunca cae, sino el que se cae y se para de nuevo – decía mi “mejor” amiga – Pero cuando te tiran al piso cuando te estas intentando parar, una y otra vez, una y otra vez
… una y otra vez, pronto te das cuenta que estas hueveando.
…¡Pucha que he vivido full!. Hasta plante un árbol una vez y casi tengo un hijo. ¿Eso cuenta, no? … también he escrito un libro. No importa que no lo haya publicado, ¿No?... ¿O es pecado no tener plata?
…caigo lentamente en mi último sueño.
Recuerdo, recuerdo, vivo de nuevo.
…ya no me hace frío, pero me siento más solo que nunca. Han pasado dos minutos más, con la pena que traigo deben ser como ocho horas.
Era que vaya a la iglesia más temprano. Ni cagando aguanto hasta más tarde.
Ojala no me traten de cobarde.
Ojala no lloren mucho.
Ojala encuentren mi notita.
Que huevada... mierda… que huevada…
Hartas, hartas lágrimas caen por mi carita. Bien hartas…
…ni modo.
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martes, 23 de enero de 2007
No Manolito, no.
- No Manolito, Papi no ha llegado aún. Así es que siéntate a la mesa y comienza a comer antes que se te enfríe. Luego con la grasa peor no la quieres comer. Además ya se hizo muy tarde y mañana tienes escuela. (Era jueves).
- ¿Ya acabaste las labores, verda? No vaya a ser que otra vez me llame la Maestra preocupada por tu rendimiento. Ya viste como se puso tu Papi la vez pasada. ¿Recuerdas verda?... ¿Ah pues, entonces, las hizo o no? … Buen chico. Déme un beso. Ahora tómese su sopita que esta como le gusta.
- ¿Acaso podría olvidar aquel día? Javier se puso como loco. Me reprocho y delante del chamaco me dijo que le daba bronca tener un hijo estúpido. Que seguro saco eso de su Madre (Yo). Dijo que ya no iba a la iglesia los domingos porque se había cansado de pedirle a la Virgen que su hijo no sea un Don Nadie como su Madre (Como yo). –No digas eso Javier – Le decía temerosa…
– ¿Que? ¿Acaso y no es verda? ¿O que rato acabaste carrera? ¿O quien mantiene esta casa? … Pos porque si tienes cartón de Abogada, ponte a chambear y contrata una niñera. Alguien que por lo menos se asegure que este chamaco estúpido haga sus labores. Porque hasta donde yo se… yo cumplo. Ya te quisiera ver toda gordota si no tuvieses para comer. Malagradecida!
- No podía decirle que los últimos tres meses me había dedicado a costurar servilletas, mandiles y batas de cocina a ocultas para juntar algo de lana. Para poder comprarme algo de maquillaje, ir a la peluquería y darme algún otro gustito. Tal vez así Javier se volvía a enamorar de mí o al menos volvía al menos a tocarme.
- Mamita no llores… - Manuel me jala la falta, mientras yo intento tragarme las lagrimas y no quitar la vista de la ventana del fregadero, para que no me vea toda acongojada.
- No lloro Manolito. ¡Que va! Es solo que me acorde de la telenovela. ¿Recuerdas? ¿Cuando María Pilar se tiene que irse al DF a buscar chamba para dar de comer a sus hermanitos? Pos si es re-triste… Ya, ve, siéntate a la mesa…O a poco ya te comiste todo… Hay mira na ma al tragosito… ¿Quieres más?... Weno, tons váyase al cuarto que ahorita lo alcanzoy lo arropo. Na más déjeme acabar con los trastes.
- Miro como mi Manolito se va corriendo hasta desaparecer en el pasillo. Si supiera toda la fuerza que me da, semejante pedacito de persona que tanto quiero. Los últimos dos meses se me salen las lágrimas a borbotones justo a esta hora. Debe ser por el estado.
No. No es el estado. Lo que pasa es que me doy cuenta que él ya no puede seguir en el trabajo. Cuando me empiezo a sentir sola y comienzo a maquinar.
Apoyo mis manos cansadas sobre el borde del fregadero y reposo mi cuerpo cansado y panzón sobre ellas. Me quedo inmóvil hasta que un trueno me despierta de un susto. Estas últimas noches, con las lluvias, el miedo se me mete también porque no le vaya a pasar nada. Los accidentes abundan con las lluvias y Javier siempre ha pecado de imprudente.
Bueno, que más da. Esperando en la ventana no voy a hacer que llegue antes. Me voy al cuarto de mi Manolito y lo encuentro dormido. Un beso en la frente. Le recorro la colcha, que yo misma le hice, y lo miro una última vez antes de acabar mi día. Bendición del Señor este angelito.
Me pongo el camisón (que yo misma costuré), me aseo cuidadosamente y entro en un, ya usual, dilema: Podría apagar las luces para dormirme de una vez, o podría mantener una luz encendida para darme cuenta cuando llegue.
Decido dejar la luz encendida. Una noche más sin dormir no me va a matar.
Me esta matando la espalda.
Como de costumbre, despierto cada 10 minutos, solo para descubrir que aún la luz sigue encendida. Estoy tan cansada de esto. Enciendo la TV para ver la hora y son las 4 AM. Nunca había tardado tanto. Ahora ya no hay duda, si vuelve cada noche sin rastros de alcohol, es porque algo tiene. ¿Será alguna mujer de la oficina? ¿Tal vez un hombre? No me extrañaría, tiene muchas cosas raras este hombre.
Despierto otra vez. Me digo a mi misma: ¡No seas boba, Mujer! Seguro se queda trabajando. Yo que se. Como me dice Javier, yo siempre estoy pensando lo peor.
No logro pegar una pestaña. ¿Si ya no me ama y se queda a dormir en el coche para no dormir conmigo? Me levanto y saldo a la puerta buscando encontrarlo durmiendo en el coche. Nada. Estoy re-loca.
Paso por el cuarto del niño. Duerme. Mi angelito de Dios debe estar soñando con los angelitos.
Despierto otra vez y asustada descubro una silueta pasar por el pasillo en dirección al estudio. UN LADRÓN. San Martín, protegeme. Que no me hagan daño al niño, ni a mi. Que no llegue Javier. No vaya a ser que se agarren a golpes y acaben matando a mi parido. Dios me libre.
Maldito! Si esta pasando esto es porque el no esta en casa.
El hombre ha entrado al estudio. ¡Ahí esta la lana!. Me siento lentamente en el borde de la cama.
Aunque la cabeza me dice que corra al cuarto del niño y me encierre ahí, la rabia que traigo dentro me gana (de lejos), y sin perder más tiempo agarro un palo de los de Béisbol y me voy hacia el estudio para encarar al canalla.
Con cada paso mi corazón se agita más, respiro quedito para que no se me sienta y mis pies descalzos caminan casi imperceptibles. Me asomo lentamente a la puerta como quien queriendo sorprender, pero la sorprendida soy yo, cuando encuentro que el supuesto ladrón es Javier, quien busca inquieto en los cajones.
- Mi amor… - digo con cautela de no asustarlo.
- HAY MUJER! Que haces asustando a la gente a estas horas! Yo te hacía durmiendo.
- (Que haces tu llegando a casa a estas horas). Te estaba esperando, Javi. Me estaba comenzando a preocupar (Estaba preocupada hasta los pelos) – No tengo respuesta – ¿Mucho trabajo? ¿Te preparo algo? ¿Un café?
- Mira mujer, la verdad es que tengo mucho trabajo y solo vine a recoger unas cosas porque tengo que volver pa’ la oficina. Me voy ahorita. Tu vete a dormir de una vez. No te puede venir bien permanecer despierta toda la noche.
- Como voy a dormir bien, Javi, si todos los días llegas tan tarde. El niño pregunta por ti, porque ya ni lo ves y ya pues, a mi ni me tocas. Esto no es vida y…
- Mierda! Es que tu no entiendes nada. Si te estoy diciendo que tengo que trabajar. Como pretendes que mantenga a toda una fami…
- Si darme cuenta todo se salió de control y él no paraba. Aunque yo respondía y gritaba junto a el, no era yo. El niño lloraba asustado, gritaba y al cabo de unos minutos había vajilla y adornos en toda la casa. Todo roto. Manolito yacía tirado en una esquina, llorando ahora por los golpes recibidos y yo… yo sangraba.
El momento que recupero conciencia de lo que esta pasando, noto que él se me esta marchando. Corro detrás de él hasta la calle y lo encuentro subiéndose a un coche en el que lo espera una mujer quien lo besa en la boca… Grito su nombre, grito su nombre desesperada porque no quiero que nos deje. Ella arranca el coche, yo corro a detenerlo (Soy capaz de pararme en frente con tal de no dejarlo ir), el coche arranca y solo logro agarrarme del marco de la puerta del coche…
Ella al verme colgada, aferrándome al carro arrastrando mis pies descalzos por la calle, no para. Al contrario acelera tanto que acabo por soltar el carro, vencida por el dolor.
Luego de la caída aún continúo arrastrándome sobre mi espalda por unos segundos inevitablemente. Quedo en el piso agotada.
Junto a la puerta, parado en la acera esta mi niño, llorando de impotencia. Me paro inmediatamente y sonrío.
– ¿De que llora mi niño? Si su Padre y yo solo estábamos jugando un poquito. Además le tengo una sorpresa así es que vengase pa’ la casa y límpiese esa carita que se ve re-feo así.
- Mientras Manolito espera en la puerta yo entro en la casa, toda destruida. No quiero que él la vea así. El único lugar que mantiene orden es el baño.
– Anda Hijito, vamo’ a jugar un juego y si gana le voa dar algo rico. Cierre esos ojitos y cuente hasta diez, si no los abre, gana. ¿Vale?
- ¡No haga trampa!
Uno, lo agarro en mis brazos. Dos, tres, lo llevo a la cocina
– Cuente más lentito mi hijo…-
Cuatro, agarro galletas y azúcar. Cinco y seis, plato y cuchara. Siete, ocho siento al chamaco en baño. Nueve, diez
– Bien mi muchachote! Aquí tiene unas galletitas y adivina que… azúcar purita para que te la comas-
Manolito siempre se roba el azúcar para comérsela y yo siempre le regaño, pero hoy no. Hoy solo quiero que olvide lo sufrido)
Por un momento quedo paralizada recordando instante a instante todo lo que acabábamos de pasar. Parece una película de terror. Me persigno.
Recupero la prisa y vuelvo al cuarto.
Quiero acabar esto cuanto antes, pero al rato siento un dolor en la panza que me obliga a buscar la pared y sentarme en el piso…
– Hay! … Santa Teresita, que no nazca todavía, es muy pronto y tengo que hacer esto ahorita. San Judas Tadeo, sabes que yo te cumplo, dame fuerzas para seguir con esto. ¡San Miguel Arcángel, no me desampares!
No me desamparen.
No hay tiempo para llorar. No hay tiempo para parar.
Me levanto y agarro la ropa del colgador y la tiro sobre la cama, traigo la ropa del niño y la arrojo ahí mismo. Intento alcanzar, en la baulera, las maletas que aún huelen a Cancún. No hay tiempo. Una desesperación agita mi corazón y solo quiero escapar. Amarro la ropa en la cobija y la llevo hasta la puerta.
Ya esta amaneciendo, ojala me abran… Din Don! – Comadre! Comadre Carla! –
La comadre Carla es mi única amiga y accede sin preguntar mucho a prestarme 200 pesos. Vuelvo a casa y busco las joyas, las pongo en mi bolsón junto a todo lo de valor. También guardo una foto de Javier.
- Llévese el coche - la Comadre me había seguido a casa – Llévese el coche, Comadre. Y no lo tiene que traer de vuelta. Lo he visto todo. Ninguna mujer se merece esa humillación…. También llévese esta lanita extra que tenía ahorrada para comprar unas cositas que ni al caso viene. A uste le caen mejor ahorita y ya luego me las pagara.
No digo nada. No puedo. Solo la abrazo fuertemente y prometo llamar en cuanto pueda.
Manolito sale del baño y saluda a su Madrina. Ella me ayuda a sacar las cosas de casa y me acompaña hasta su “garage”.
- Si es mujercita la voy a llamar Carla, como uste. No sabe cuanto es esto para mi, ahorita. Nomás me acomode yo le repongo todito.
Un último abrazo y arranco el coche. Ya esta amaneciendo y yo solo conduzco para escapar. El niño ha quedado dormido en el asiento de atrás. Aprovecho para soltar las lágrimas que ya no podía aguantar más.
Tantos años de amor, tantas camisas planchadas. Tantos besos perdidos, tantas lágrimas lloradas. Entre mi desesperación, mi frustración y mi despecho me duele saber que amo al hombre que me hace infeliz. Que amo a ese patán con todas mis fuerzas y que siempre quise solo vivir para él, con él, por él.
¡SOY TAN INFELIZ!
Llego conduciendo a la salida entre el poco tráfico de la mañana y escojo a Puebla como refugio. Mi hermana podrá darme una mano ahí. No pienso volver más a esa casa. Cuando se es tan infeliz una ya no piensa en la felicidad, se conforma solo con tener un pan que comer y vivir sus días con un poco de paz.
Paz…
Paz…
Cuando abro los ojos por reflejo de un bocinazo, solo veo el camión al frente, GIRO! Siento el golpe y grito. Caigo, ruedo y caigo…
- ¿Ya acabaste las labores, verda? No vaya a ser que otra vez me llame la Maestra preocupada por tu rendimiento. Ya viste como se puso tu Papi la vez pasada. ¿Recuerdas verda?... ¿Ah pues, entonces, las hizo o no? … Buen chico. Déme un beso. Ahora tómese su sopita que esta como le gusta.
- ¿Acaso podría olvidar aquel día? Javier se puso como loco. Me reprocho y delante del chamaco me dijo que le daba bronca tener un hijo estúpido. Que seguro saco eso de su Madre (Yo). Dijo que ya no iba a la iglesia los domingos porque se había cansado de pedirle a la Virgen que su hijo no sea un Don Nadie como su Madre (Como yo). –No digas eso Javier – Le decía temerosa…
– ¿Que? ¿Acaso y no es verda? ¿O que rato acabaste carrera? ¿O quien mantiene esta casa? … Pos porque si tienes cartón de Abogada, ponte a chambear y contrata una niñera. Alguien que por lo menos se asegure que este chamaco estúpido haga sus labores. Porque hasta donde yo se… yo cumplo. Ya te quisiera ver toda gordota si no tuvieses para comer. Malagradecida!
- No podía decirle que los últimos tres meses me había dedicado a costurar servilletas, mandiles y batas de cocina a ocultas para juntar algo de lana. Para poder comprarme algo de maquillaje, ir a la peluquería y darme algún otro gustito. Tal vez así Javier se volvía a enamorar de mí o al menos volvía al menos a tocarme.
- Mamita no llores… - Manuel me jala la falta, mientras yo intento tragarme las lagrimas y no quitar la vista de la ventana del fregadero, para que no me vea toda acongojada.
- No lloro Manolito. ¡Que va! Es solo que me acorde de la telenovela. ¿Recuerdas? ¿Cuando María Pilar se tiene que irse al DF a buscar chamba para dar de comer a sus hermanitos? Pos si es re-triste… Ya, ve, siéntate a la mesa…O a poco ya te comiste todo… Hay mira na ma al tragosito… ¿Quieres más?... Weno, tons váyase al cuarto que ahorita lo alcanzoy lo arropo. Na más déjeme acabar con los trastes.
- Miro como mi Manolito se va corriendo hasta desaparecer en el pasillo. Si supiera toda la fuerza que me da, semejante pedacito de persona que tanto quiero. Los últimos dos meses se me salen las lágrimas a borbotones justo a esta hora. Debe ser por el estado.
No. No es el estado. Lo que pasa es que me doy cuenta que él ya no puede seguir en el trabajo. Cuando me empiezo a sentir sola y comienzo a maquinar.
Apoyo mis manos cansadas sobre el borde del fregadero y reposo mi cuerpo cansado y panzón sobre ellas. Me quedo inmóvil hasta que un trueno me despierta de un susto. Estas últimas noches, con las lluvias, el miedo se me mete también porque no le vaya a pasar nada. Los accidentes abundan con las lluvias y Javier siempre ha pecado de imprudente.
Bueno, que más da. Esperando en la ventana no voy a hacer que llegue antes. Me voy al cuarto de mi Manolito y lo encuentro dormido. Un beso en la frente. Le recorro la colcha, que yo misma le hice, y lo miro una última vez antes de acabar mi día. Bendición del Señor este angelito.
Me pongo el camisón (que yo misma costuré), me aseo cuidadosamente y entro en un, ya usual, dilema: Podría apagar las luces para dormirme de una vez, o podría mantener una luz encendida para darme cuenta cuando llegue.
Decido dejar la luz encendida. Una noche más sin dormir no me va a matar.
Me esta matando la espalda.
Como de costumbre, despierto cada 10 minutos, solo para descubrir que aún la luz sigue encendida. Estoy tan cansada de esto. Enciendo la TV para ver la hora y son las 4 AM. Nunca había tardado tanto. Ahora ya no hay duda, si vuelve cada noche sin rastros de alcohol, es porque algo tiene. ¿Será alguna mujer de la oficina? ¿Tal vez un hombre? No me extrañaría, tiene muchas cosas raras este hombre.
Despierto otra vez. Me digo a mi misma: ¡No seas boba, Mujer! Seguro se queda trabajando. Yo que se. Como me dice Javier, yo siempre estoy pensando lo peor.
No logro pegar una pestaña. ¿Si ya no me ama y se queda a dormir en el coche para no dormir conmigo? Me levanto y saldo a la puerta buscando encontrarlo durmiendo en el coche. Nada. Estoy re-loca.
Paso por el cuarto del niño. Duerme. Mi angelito de Dios debe estar soñando con los angelitos.
Despierto otra vez y asustada descubro una silueta pasar por el pasillo en dirección al estudio. UN LADRÓN. San Martín, protegeme. Que no me hagan daño al niño, ni a mi. Que no llegue Javier. No vaya a ser que se agarren a golpes y acaben matando a mi parido. Dios me libre.
Maldito! Si esta pasando esto es porque el no esta en casa.
El hombre ha entrado al estudio. ¡Ahí esta la lana!. Me siento lentamente en el borde de la cama.
Aunque la cabeza me dice que corra al cuarto del niño y me encierre ahí, la rabia que traigo dentro me gana (de lejos), y sin perder más tiempo agarro un palo de los de Béisbol y me voy hacia el estudio para encarar al canalla.
Con cada paso mi corazón se agita más, respiro quedito para que no se me sienta y mis pies descalzos caminan casi imperceptibles. Me asomo lentamente a la puerta como quien queriendo sorprender, pero la sorprendida soy yo, cuando encuentro que el supuesto ladrón es Javier, quien busca inquieto en los cajones.
- Mi amor… - digo con cautela de no asustarlo.
- HAY MUJER! Que haces asustando a la gente a estas horas! Yo te hacía durmiendo.
- (Que haces tu llegando a casa a estas horas). Te estaba esperando, Javi. Me estaba comenzando a preocupar (Estaba preocupada hasta los pelos) – No tengo respuesta – ¿Mucho trabajo? ¿Te preparo algo? ¿Un café?
- Mira mujer, la verdad es que tengo mucho trabajo y solo vine a recoger unas cosas porque tengo que volver pa’ la oficina. Me voy ahorita. Tu vete a dormir de una vez. No te puede venir bien permanecer despierta toda la noche.
- Como voy a dormir bien, Javi, si todos los días llegas tan tarde. El niño pregunta por ti, porque ya ni lo ves y ya pues, a mi ni me tocas. Esto no es vida y…
- Mierda! Es que tu no entiendes nada. Si te estoy diciendo que tengo que trabajar. Como pretendes que mantenga a toda una fami…
- Si darme cuenta todo se salió de control y él no paraba. Aunque yo respondía y gritaba junto a el, no era yo. El niño lloraba asustado, gritaba y al cabo de unos minutos había vajilla y adornos en toda la casa. Todo roto. Manolito yacía tirado en una esquina, llorando ahora por los golpes recibidos y yo… yo sangraba.
El momento que recupero conciencia de lo que esta pasando, noto que él se me esta marchando. Corro detrás de él hasta la calle y lo encuentro subiéndose a un coche en el que lo espera una mujer quien lo besa en la boca… Grito su nombre, grito su nombre desesperada porque no quiero que nos deje. Ella arranca el coche, yo corro a detenerlo (Soy capaz de pararme en frente con tal de no dejarlo ir), el coche arranca y solo logro agarrarme del marco de la puerta del coche…
Ella al verme colgada, aferrándome al carro arrastrando mis pies descalzos por la calle, no para. Al contrario acelera tanto que acabo por soltar el carro, vencida por el dolor.
Luego de la caída aún continúo arrastrándome sobre mi espalda por unos segundos inevitablemente. Quedo en el piso agotada.
Junto a la puerta, parado en la acera esta mi niño, llorando de impotencia. Me paro inmediatamente y sonrío.
– ¿De que llora mi niño? Si su Padre y yo solo estábamos jugando un poquito. Además le tengo una sorpresa así es que vengase pa’ la casa y límpiese esa carita que se ve re-feo así.
- Mientras Manolito espera en la puerta yo entro en la casa, toda destruida. No quiero que él la vea así. El único lugar que mantiene orden es el baño.
– Anda Hijito, vamo’ a jugar un juego y si gana le voa dar algo rico. Cierre esos ojitos y cuente hasta diez, si no los abre, gana. ¿Vale?
- ¡No haga trampa!
Uno, lo agarro en mis brazos. Dos, tres, lo llevo a la cocina
– Cuente más lentito mi hijo…-
Cuatro, agarro galletas y azúcar. Cinco y seis, plato y cuchara. Siete, ocho siento al chamaco en baño. Nueve, diez
– Bien mi muchachote! Aquí tiene unas galletitas y adivina que… azúcar purita para que te la comas-
Manolito siempre se roba el azúcar para comérsela y yo siempre le regaño, pero hoy no. Hoy solo quiero que olvide lo sufrido)
Por un momento quedo paralizada recordando instante a instante todo lo que acabábamos de pasar. Parece una película de terror. Me persigno.
Recupero la prisa y vuelvo al cuarto.
Quiero acabar esto cuanto antes, pero al rato siento un dolor en la panza que me obliga a buscar la pared y sentarme en el piso…
– Hay! … Santa Teresita, que no nazca todavía, es muy pronto y tengo que hacer esto ahorita. San Judas Tadeo, sabes que yo te cumplo, dame fuerzas para seguir con esto. ¡San Miguel Arcángel, no me desampares!
No me desamparen.
No hay tiempo para llorar. No hay tiempo para parar.
Me levanto y agarro la ropa del colgador y la tiro sobre la cama, traigo la ropa del niño y la arrojo ahí mismo. Intento alcanzar, en la baulera, las maletas que aún huelen a Cancún. No hay tiempo. Una desesperación agita mi corazón y solo quiero escapar. Amarro la ropa en la cobija y la llevo hasta la puerta.
Ya esta amaneciendo, ojala me abran… Din Don! – Comadre! Comadre Carla! –
La comadre Carla es mi única amiga y accede sin preguntar mucho a prestarme 200 pesos. Vuelvo a casa y busco las joyas, las pongo en mi bolsón junto a todo lo de valor. También guardo una foto de Javier.
- Llévese el coche - la Comadre me había seguido a casa – Llévese el coche, Comadre. Y no lo tiene que traer de vuelta. Lo he visto todo. Ninguna mujer se merece esa humillación…. También llévese esta lanita extra que tenía ahorrada para comprar unas cositas que ni al caso viene. A uste le caen mejor ahorita y ya luego me las pagara.
No digo nada. No puedo. Solo la abrazo fuertemente y prometo llamar en cuanto pueda.
Manolito sale del baño y saluda a su Madrina. Ella me ayuda a sacar las cosas de casa y me acompaña hasta su “garage”.
- Si es mujercita la voy a llamar Carla, como uste. No sabe cuanto es esto para mi, ahorita. Nomás me acomode yo le repongo todito.
Un último abrazo y arranco el coche. Ya esta amaneciendo y yo solo conduzco para escapar. El niño ha quedado dormido en el asiento de atrás. Aprovecho para soltar las lágrimas que ya no podía aguantar más.
Tantos años de amor, tantas camisas planchadas. Tantos besos perdidos, tantas lágrimas lloradas. Entre mi desesperación, mi frustración y mi despecho me duele saber que amo al hombre que me hace infeliz. Que amo a ese patán con todas mis fuerzas y que siempre quise solo vivir para él, con él, por él.
¡SOY TAN INFELIZ!
Llego conduciendo a la salida entre el poco tráfico de la mañana y escojo a Puebla como refugio. Mi hermana podrá darme una mano ahí. No pienso volver más a esa casa. Cuando se es tan infeliz una ya no piensa en la felicidad, se conforma solo con tener un pan que comer y vivir sus días con un poco de paz.
Paz…
Paz…
Cuando abro los ojos por reflejo de un bocinazo, solo veo el camión al frente, GIRO! Siento el golpe y grito. Caigo, ruedo y caigo…
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