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martes, 23 de enero de 2007

No Manolito, no.

- No Manolito, Papi no ha llegado aún. Así es que siéntate a la mesa y comienza a comer antes que se te enfríe. Luego con la grasa peor no la quieres comer. Además ya se hizo muy tarde y mañana tienes escuela. (Era jueves).

- ¿Ya acabaste las labores, verda? No vaya a ser que otra vez me llame la Maestra preocupada por tu rendimiento. Ya viste como se puso tu Papi la vez pasada. ¿Recuerdas verda?... ¿Ah pues, entonces, las hizo o no? … Buen chico. Déme un beso. Ahora tómese su sopita que esta como le gusta.

- ¿Acaso podría olvidar aquel día? Javier se puso como loco. Me reprocho y delante del chamaco me dijo que le daba bronca tener un hijo estúpido. Que seguro saco eso de su Madre (Yo). Dijo que ya no iba a la iglesia los domingos porque se había cansado de pedirle a la Virgen que su hijo no sea un Don Nadie como su Madre (Como yo). –No digas eso Javier – Le decía temerosa…

– ¿Que? ¿Acaso y no es verda? ¿O que rato acabaste carrera? ¿O quien mantiene esta casa? … Pos porque si tienes cartón de Abogada, ponte a chambear y contrata una niñera. Alguien que por lo menos se asegure que este chamaco estúpido haga sus labores. Porque hasta donde yo se… yo cumplo. Ya te quisiera ver toda gordota si no tuvieses para comer. Malagradecida!

- No podía decirle que los últimos tres meses me había dedicado a costurar servilletas, mandiles y batas de cocina a ocultas para juntar algo de lana. Para poder comprarme algo de maquillaje, ir a la peluquería y darme algún otro gustito. Tal vez así Javier se volvía a enamorar de mí o al menos volvía al menos a tocarme.

- Mamita no llores… - Manuel me jala la falta, mientras yo intento tragarme las lagrimas y no quitar la vista de la ventana del fregadero, para que no me vea toda acongojada.

- No lloro Manolito. ¡Que va! Es solo que me acorde de la telenovela. ¿Recuerdas? ¿Cuando María Pilar se tiene que irse al DF a buscar chamba para dar de comer a sus hermanitos? Pos si es re-triste… Ya, ve, siéntate a la mesa…O a poco ya te comiste todo… Hay mira na ma al tragosito… ¿Quieres más?... Weno, tons váyase al cuarto que ahorita lo alcanzoy lo arropo. Na más déjeme acabar con los trastes.

- Miro como mi Manolito se va corriendo hasta desaparecer en el pasillo. Si supiera toda la fuerza que me da, semejante pedacito de persona que tanto quiero. Los últimos dos meses se me salen las lágrimas a borbotones justo a esta hora. Debe ser por el estado.

No. No es el estado. Lo que pasa es que me doy cuenta que él ya no puede seguir en el trabajo. Cuando me empiezo a sentir sola y comienzo a maquinar.

Apoyo mis manos cansadas sobre el borde del fregadero y reposo mi cuerpo cansado y panzón sobre ellas. Me quedo inmóvil hasta que un trueno me despierta de un susto. Estas últimas noches, con las lluvias, el miedo se me mete también porque no le vaya a pasar nada. Los accidentes abundan con las lluvias y Javier siempre ha pecado de imprudente.

Bueno, que más da. Esperando en la ventana no voy a hacer que llegue antes. Me voy al cuarto de mi Manolito y lo encuentro dormido. Un beso en la frente. Le recorro la colcha, que yo misma le hice, y lo miro una última vez antes de acabar mi día. Bendición del Señor este angelito.
Me pongo el camisón (que yo misma costuré), me aseo cuidadosamente y entro en un, ya usual, dilema: Podría apagar las luces para dormirme de una vez, o podría mantener una luz encendida para darme cuenta cuando llegue.

Decido dejar la luz encendida. Una noche más sin dormir no me va a matar.

Me esta matando la espalda.

Como de costumbre, despierto cada 10 minutos, solo para descubrir que aún la luz sigue encendida. Estoy tan cansada de esto. Enciendo la TV para ver la hora y son las 4 AM. Nunca había tardado tanto. Ahora ya no hay duda, si vuelve cada noche sin rastros de alcohol, es porque algo tiene. ¿Será alguna mujer de la oficina? ¿Tal vez un hombre? No me extrañaría, tiene muchas cosas raras este hombre.

Despierto otra vez. Me digo a mi misma: ¡No seas boba, Mujer! Seguro se queda trabajando. Yo que se. Como me dice Javier, yo siempre estoy pensando lo peor.

No logro pegar una pestaña. ¿Si ya no me ama y se queda a dormir en el coche para no dormir conmigo? Me levanto y saldo a la puerta buscando encontrarlo durmiendo en el coche. Nada. Estoy re-loca.

Paso por el cuarto del niño. Duerme. Mi angelito de Dios debe estar soñando con los angelitos.

Despierto otra vez y asustada descubro una silueta pasar por el pasillo en dirección al estudio. UN LADRÓN. San Martín, protegeme. Que no me hagan daño al niño, ni a mi. Que no llegue Javier. No vaya a ser que se agarren a golpes y acaben matando a mi parido. Dios me libre.

Maldito! Si esta pasando esto es porque el no esta en casa.

El hombre ha entrado al estudio. ¡Ahí esta la lana!. Me siento lentamente en el borde de la cama.

Aunque la cabeza me dice que corra al cuarto del niño y me encierre ahí, la rabia que traigo dentro me gana (de lejos), y sin perder más tiempo agarro un palo de los de Béisbol y me voy hacia el estudio para encarar al canalla.

Con cada paso mi corazón se agita más, respiro quedito para que no se me sienta y mis pies descalzos caminan casi imperceptibles. Me asomo lentamente a la puerta como quien queriendo sorprender, pero la sorprendida soy yo, cuando encuentro que el supuesto ladrón es Javier, quien busca inquieto en los cajones.

- Mi amor… - digo con cautela de no asustarlo.

- HAY MUJER! Que haces asustando a la gente a estas horas! Yo te hacía durmiendo.

- (Que haces tu llegando a casa a estas horas). Te estaba esperando, Javi. Me estaba comenzando a preocupar (Estaba preocupada hasta los pelos) – No tengo respuesta – ¿Mucho trabajo? ¿Te preparo algo? ¿Un café?

- Mira mujer, la verdad es que tengo mucho trabajo y solo vine a recoger unas cosas porque tengo que volver pa’ la oficina. Me voy ahorita. Tu vete a dormir de una vez. No te puede venir bien permanecer despierta toda la noche.

- Como voy a dormir bien, Javi, si todos los días llegas tan tarde. El niño pregunta por ti, porque ya ni lo ves y ya pues, a mi ni me tocas. Esto no es vida y…

- Mierda! Es que tu no entiendes nada. Si te estoy diciendo que tengo que trabajar. Como pretendes que mantenga a toda una fami…

- Si darme cuenta todo se salió de control y él no paraba. Aunque yo respondía y gritaba junto a el, no era yo. El niño lloraba asustado, gritaba y al cabo de unos minutos había vajilla y adornos en toda la casa. Todo roto. Manolito yacía tirado en una esquina, llorando ahora por los golpes recibidos y yo… yo sangraba.

El momento que recupero conciencia de lo que esta pasando, noto que él se me esta marchando. Corro detrás de él hasta la calle y lo encuentro subiéndose a un coche en el que lo espera una mujer quien lo besa en la boca… Grito su nombre, grito su nombre desesperada porque no quiero que nos deje. Ella arranca el coche, yo corro a detenerlo (Soy capaz de pararme en frente con tal de no dejarlo ir), el coche arranca y solo logro agarrarme del marco de la puerta del coche…

Ella al verme colgada, aferrándome al carro arrastrando mis pies descalzos por la calle, no para. Al contrario acelera tanto que acabo por soltar el carro, vencida por el dolor.

Luego de la caída aún continúo arrastrándome sobre mi espalda por unos segundos inevitablemente. Quedo en el piso agotada.

Junto a la puerta, parado en la acera esta mi niño, llorando de impotencia. Me paro inmediatamente y sonrío.

– ¿De que llora mi niño? Si su Padre y yo solo estábamos jugando un poquito. Además le tengo una sorpresa así es que vengase pa’ la casa y límpiese esa carita que se ve re-feo así.

- Mientras Manolito espera en la puerta yo entro en la casa, toda destruida. No quiero que él la vea así. El único lugar que mantiene orden es el baño.

– Anda Hijito, vamo’ a jugar un juego y si gana le voa dar algo rico. Cierre esos ojitos y cuente hasta diez, si no los abre, gana. ¿Vale?

- ¡No haga trampa!

Uno, lo agarro en mis brazos. Dos, tres, lo llevo a la cocina

– Cuente más lentito mi hijo…-

Cuatro, agarro galletas y azúcar. Cinco y seis, plato y cuchara. Siete, ocho siento al chamaco en baño. Nueve, diez

– Bien mi muchachote! Aquí tiene unas galletitas y adivina que… azúcar purita para que te la comas-

Manolito siempre se roba el azúcar para comérsela y yo siempre le regaño, pero hoy no. Hoy solo quiero que olvide lo sufrido)

Por un momento quedo paralizada recordando instante a instante todo lo que acabábamos de pasar. Parece una película de terror. Me persigno.

Recupero la prisa y vuelvo al cuarto.

Quiero acabar esto cuanto antes, pero al rato siento un dolor en la panza que me obliga a buscar la pared y sentarme en el piso…

– Hay! … Santa Teresita, que no nazca todavía, es muy pronto y tengo que hacer esto ahorita. San Judas Tadeo, sabes que yo te cumplo, dame fuerzas para seguir con esto. ¡San Miguel Arcángel, no me desampares!

No me desamparen.

No hay tiempo para llorar. No hay tiempo para parar.

Me levanto y agarro la ropa del colgador y la tiro sobre la cama, traigo la ropa del niño y la arrojo ahí mismo. Intento alcanzar, en la baulera, las maletas que aún huelen a Cancún. No hay tiempo. Una desesperación agita mi corazón y solo quiero escapar. Amarro la ropa en la cobija y la llevo hasta la puerta.

Ya esta amaneciendo, ojala me abran… Din Don! – Comadre! Comadre Carla! –

La comadre Carla es mi única amiga y accede sin preguntar mucho a prestarme 200 pesos. Vuelvo a casa y busco las joyas, las pongo en mi bolsón junto a todo lo de valor. También guardo una foto de Javier.

- Llévese el coche - la Comadre me había seguido a casa – Llévese el coche, Comadre. Y no lo tiene que traer de vuelta. Lo he visto todo. Ninguna mujer se merece esa humillación…. También llévese esta lanita extra que tenía ahorrada para comprar unas cositas que ni al caso viene. A uste le caen mejor ahorita y ya luego me las pagara.

No digo nada. No puedo. Solo la abrazo fuertemente y prometo llamar en cuanto pueda.

Manolito sale del baño y saluda a su Madrina. Ella me ayuda a sacar las cosas de casa y me acompaña hasta su “garage”.

- Si es mujercita la voy a llamar Carla, como uste. No sabe cuanto es esto para mi, ahorita. Nomás me acomode yo le repongo todito.

Un último abrazo y arranco el coche. Ya esta amaneciendo y yo solo conduzco para escapar. El niño ha quedado dormido en el asiento de atrás. Aprovecho para soltar las lágrimas que ya no podía aguantar más.

Tantos años de amor, tantas camisas planchadas. Tantos besos perdidos, tantas lágrimas lloradas. Entre mi desesperación, mi frustración y mi despecho me duele saber que amo al hombre que me hace infeliz. Que amo a ese patán con todas mis fuerzas y que siempre quise solo vivir para él, con él, por él.

¡SOY TAN INFELIZ!

Llego conduciendo a la salida entre el poco tráfico de la mañana y escojo a Puebla como refugio. Mi hermana podrá darme una mano ahí. No pienso volver más a esa casa. Cuando se es tan infeliz una ya no piensa en la felicidad, se conforma solo con tener un pan que comer y vivir sus días con un poco de paz.

Paz…

Paz…

Cuando abro los ojos por reflejo de un bocinazo, solo veo el camión al frente, GIRO! Siento el golpe y grito. Caigo, ruedo y caigo…