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martes, 23 de enero de 2007

Lista de Navidad

Querido Papá Noel:

Solo te pido diez cositas para navidad:

1. La Paz del mundo. De todos los países hasta de los que no están en el atlas ni tienen representación en las olimpiadas. Hasta del mundo de Bobby, por favor.

2. Que me devuelvan mi niñez. No me acuerdo donde la deje. Era cortita con muchos colores. La debes haber visto.

3. Que la gente deje de morirse y que nazcan más niños. Porfa, que cada niño nazca con DOS marraquetas bajo el los brazos. Con una no esta alcanzando.

4. Por favor, que vuelva Lady Di, la Madre Teresa de Calcuta y Papa Juan Pablo II para que puedan enseñarnos más.

5. Te pido también para todos, para aliviar el tráfico urbano y cagar a los gringos y su muro en la frontera con Mexico.

6. Que me confirmen si existen los extraterrestres. Ya esta de buen tamaño el suspenso.

7. Que el Banco mundial condone mi Karma. Prometo firmemente ayudar al Evo a erradicar la coca.

8. Que Cher, Maddona y Bono se queden con nosotros por siempre y que Mecano saque otro disco.

9. Que cuando llueva, primero lluevan paraguas. Pero que caigan abiertos, para evitar accidentes. Una vez caídos los paraguas, que llueva jodido… Ah… y que el arco iris comience y termine siempre en lugares específicos anunciados con anticipación por el Honorable Gobierno Municipal.

10. Que vivan los corruptos, los ladrones y los maleantes. Pero que vivan una vida sana, honesta y descente.

…y la yapita… Que nunca me falte amor, ni a mí, ni a mi familia, ni a mis amigos

Eso nomás querría.

Gracias.

El Cris

Lo Que Quiero...

Me subo al carro junto a mis padres. Tal vez sea la última vez que volvamos a ella mientras aún es nuestra. Silencio en el viaje, la radio toca una canción cristiana y ni cuenta nos damos. Mi Papá me pregunta: “¿Que vas a querer para Navidad?”, yo no respondo. Mis ojos se sonrojan. Me siento vacío.

En el camino he perdido totalmente la noción del tiempo y el espacio. No se ni porque calle vamos. Todo esta tan oscuro. Solo recuerdo. Lo recuerdo todo, desde el día que llegamos y el pastito estaba cubierto de paja, el olor a pintura fresquita y los techos sin lámparas, inconclusos. Recuerdo haberme rodado las gradas al menos 6 veces, dos al intento. Aún puedo escuchar al Bobby ladrar como loco desde la casa del frente y a la vecina llamando a su hija mientras se besaba con su novio en la puerta.

Tantos años, tantas memorias. Si pondría un dólar sobre el mesón pelado de la cocina por cada recuerdo ingrato, podría amoblar la casa de nuevo. Si pondría un peso en la tina de mi baño por cada memoria dulce, podría comprarme la casa yo mismo. La casa, la casa...

Llegamos a la casa. En el lugar donde era la casa de mi vecino Rolando, el dueño del Bobby, hay ahora un multifamiliar horrible. Entramos y siento un frío que me estremece y me asusta. No hay luz, mi Papá se adelanta para subir el “Switch”. Toda la casa se enciende. El piso suena hueco, como si no hubiese nada debajo. Todo se ve más grande cuando esta vacío. Seguro por eso me veo yo también tan grande.

Entramos a mi dormitorio de niño. Veo que no pudieron sacar los “stickers” que puse en el ropero. Mi Madre me sigue al cuarto e intenta raspar con su uña uno de ellos, es inútil. Me doy la vuelta y muy tarde me doy cuenta que mi madre esta viendo como se me cae una lágrima. Me pregunta: “¿Que vas a querer para navidad?”.

Son al menos 14 años de mi vida que se quedan marcados en las alfombras, pese al intento de un equipo de 12 obreros de “Prolimpio”. ¡Cada cosa que a uno le pasa cuando de niño pasa a adolescente y de adolescente a adulto!. Para que me habré ido, debí haber vivido un poquito más aquí.

Y pensar que fui yo quien insistió a mis padres para que vendan la casa, porque ya no es segura. Con esto de las señales de los ladrones peruanos uno ya no puede ni contestar el teléfono porque puede que llamen para ver si estas solo, ni dejar de contestarlo, porque van a creer que esta vacía la casa y se van a entrar. Yo quería que vendan la casa por el bien de ellos, pero no pensé que estaría vendiendo mi infancia, mi juventud. “¿Hijito, que vas a querer para Navidad? O te compro yo nomás algo” me dice mi Madre, mientras me agarra y aprieta un poquito el hombro desde atrás. Yo miro mi baño.

Sigo paseando por toda la casa vacía. Se me escapa un suspiro y con el eco que hace me deprimo el doble. ¿Cuánta gente nos habrá visitado en todo este tiempo?. Escucho la puerta de calle abrirse y cerrarse haciendo ese ruido metálico, como un campanario, anunciando que ya llego mí hermana. Ya podemos cenar…

Mi Papa grita desde el otro cuarto: “¿Quien es?”. Mi hermana responde: “Papi, ¿quieres bajar un ratito? Baja y saluda al Licenciado que quiere comprar la casa. Mi Papa comienza a mostrarle la casa desde abajo. Mi hermana sube y me saluda. Ella esta tranquila. “¿Qué vamos a comprar para los Papas?”, me pregunta. Yo no respondo y salgo del cuarto.

Al rato se ha ido, yo ni le salude, me refugié en mi Garzonier, donde viví mi pocos años de efectiva juventud. Aún hay unos cuantos cuadernos que nadie llego a botar. Los recojo con gusto, así me llevo un pedacito de mi pasado conmigo. Me gusta la idea y arranco un pedazo del empapelado para llevármelo conmigo. Lo guardo en el cuaderno y el cuaderno en mi bolsillo, enrolladito. No se que más me puedo llevar. Lloro un poquito y me muerdo la lengua para no gritar que no quiero que vendan la casa, que me quiero quedar yo aquí.

Más recuerdos, más recuerdos, más recuerdos. Mi Padre me llama. Salgo, la reja que YO pinté de negra esta oxidada y rompiéndose de vieja. Todavía guarda pelitos blancos de mi perro el Nico. ¡Cuantas mascotas!. Puedo recordar ahora mismo más de 5 perros, como unos 20 pajaritos, loros, una tortuga, cinco hamsters y dos gatos. Quieren irse y yo no quiero, pero no hay nada más que hacer.

Que nadie se atreva a… “Que vas a querer para Navidad, hijo?” , pregunta mi Madre. “Parece que no necesitas nada”. Los tres me contemplan en la puerta. “Ahorita vuelvo, quiero despedirme de la casa”.

Entro a la cocina y abro cada gaveta, salgo al comedor, toco la ventana, voy al Living. Siempre le tuve miedo al Living. Quiero sentir una vez más ese miedito. Quiero llorar. Lloro. Abro la otra puerta. Esta con llave. Vuelvo a la cocina. Salgo. Subo las gradas. Toco la baranda, toco la cortina. Toco el ventanal. Ya no quiero entrar a mi cuarto porque voy a llorar. Entro al cuarto de mis padres, hasta el baño mismo. Veo por la ventana. Nada. Suspiro y comienzo a bajar. Ya no quiero llorar, solo estoy triste.

Salgo de la casa y cierro la puerta de madera, que solo se abre por dentro. Confirmo. Si, solo se abre por dentro. Que macana, quería volver a ver la cocina. Salgo y veo el jardín. Mi Mamá cuidaba mucho sus rosas. Las han sacado todas.

Me tocan bocina. Me emputo. Salgo de la casa y cierro la puerta. Saco de mi bolsillo la llave de la puerta de calle. Siempre la conservé en mi llavero. Aseguro la puerta con dos vueltas. Nunca harán que devuelva esa llave porque es MI llave.

Subo al auto. Silencio total. No hay radio. Mi Papá pone la calefacción. Me están llevando a mi casa. Mi hermana habla por teléfono y le cuenta a su marido que la venta fue un éxito. Cruzamos el puente y casi ya estamos ahí. Mil recuerdos, quiero llorar. No lloro.

Llegamos a mi casa, me bajo del auto. Me miran. Les digo: “Ya se lo que quiero para navidad…”. Todos miran mis ojos mojados. “Un hijo. Quiero un hijito”. Todos me miran. Me doy la vuelta y entro al edificio, subo al ascensor. Lloro. Lloro mucho. Lloro demasiado. Me despierto. Estuve llorando de dormido. Solo fue un sueño… pero en verdad quiero un hijo para navidad. Ya no quiero dormir.