miércoles, 7 de marzo de 2007

la incipidez del desengaño...



Tanto me has mentido que mi camino hacia ti ha perdido su norte.
En mi descubrimiento amargo, otra vez he caído
Entre la seda roja que cubre tus manos y el engaño de tu mirada
he perdido la habilidad de verte, sin despreciarte.
Pero, irremediablemente cobarde, también sin amarte.

No se porque…

Tanto me has mentido que mi sangre hoy es más roja…
y se detiene irritada en mi puño, que aprieta fuerte, pero no golpea
Cuando te miro y no te veo, cuando te siento y no te quiero
Hoy solo encuentro un muro gris, que me acerca ágil al desconsuelo
De enmarcarte en la magna falsa que se muestra sincera y no me deja

No se porque.

En mi inocencia muerta he recuperado al fin la vista
Que entre el licor amargo de tus brazos había perdido
Agónica me muestra que negro es mi destino, como la nada…
Y confieso que prefiero la propia ruina tangible y funesta
A la farsa de la fantasía de una felicidad etérea.

No se porque.

Hoy entre sin sabores encuentro en las palabras que salían ayer, de tu boca, con llanto,
En esas de las que me aferraba, con pasión, con la fuerza el ímbecil que en verdad ama
Ahí, entre la insaciabilidad de mi derrota he encontrado mi ruina al descubrir el desengaño
…y aún así, ofuscado por la insipidez del momento mismo, soltarme no he logrado.

No se porque.

Las llagas de mi alma al despreciarte distraen la agonía de tenerte cerca
Me muerdo la lengua para no insultarte y al mismo tiempo los labios para no besarte
Recojo mi orgullo de rodillas, mientras aún sigues presente
Y en melancólico silencio me alejo, desatando los hilos tuyos y míos, de hielo y fuego
Me alejo flotando, sin ni siquiera mirarte, odiarte o comenzar a extrañarte

No se porque…

Así había sido el agónico desconsuelo
…el sentir que ha fracasado el ilustre anhelo
… el descubrir la farsa abusiva de la esperanza
…y la frustración de haber creído, sonreído y vivido

Sin saber porque….

Así había sido el intentar, inútilmente, con lagrimas lavar el pasado
… la terquedad de no entender que el tiempo no se vuelve a tu antojo
… el cultivar de gajos desconfianza para evitar caer absurdamente en amores
… para luego ahogarse entre la desaventura y el caos de la soledad.

Quien sabe porque…

Así había el sido sentirse irremediablemente engañado
…el herir a muerte, en un segundo y sin piedad, al corazón amado
… mientras el destino infante, a su antojo une y separa caminos
… y al menos una vida, agitada en el desconsuelo, tiende de un hilo.

Y yo aún no se porque.

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