
¿Acabas de llegar? o ¿hace cuanto estas ahí? Dimelo, por favor.
En la miopía oscura de mi actitud agresiva , casi primitiva, hacia casi todo, pude no haberte visto.
Hacía tanto frío en esta oscuridad inhóspita y de repente llegas así cálido y con tu mirada de luz… sin más que decir.
Inhóspita porque así siempre lo quise yo, claro. No podría ser de otra forma.
Toma asiento, por favor. Te voy a dar algo que tengo.
Acércate más, esto también es para ti.
Disculpa la intromisión, pero quiero saber más de ti y por favor, no cierres los ojos, No quiero volver a estar a oscuras.
¿Que te trae por aquí? ¿Como llegas pintar mi vida pálida y calma de azules y rojos sucesos? ¿Es permanente tu pintura? ¿Podrá mantenerse fresca pese a la humedad de esta cabina?
Disculpa que pregunte tanto. Yo soy como soy, un poco alegre y un poco triste. Un poco sabio y un poco tonto… como muchos. El ánima de mi vida se esconde en aullidos nocturnos que has debido oír. Si alguna vez te has parado a escuchar.
No te detengas en tu intento de acercarte a mí. Tranquilo, yo tengo intención de alejarme. Pero un paso tu hacia atrás, serán siempre tres míos.
La ironía de no entregaste a conocer a alguien es casi cruel ¿Cada cuanto encuentras un corazón sincero? ¿En el laberinto de la vida, cada cuanto puedes encontrar lo que buscas, sin tropezarte primero? ¿En verdad alguien sabe a ciencia cierta lo que busca? ¿Cuántas veces te has tropezado tú?
Las marcas en el satín de mi ropa y el oro opaco que me adornan una vez fueron brillantes y elegantes. He caído y he errado, con eso todo ha decaído. Pero sigo en pié.
La mejor fortaleza se construye con pedazos de roca partida por la explosión corajuda de la tierra misma. En esa fortaleza te recibo. Mi castillo es tu casa.
Te invito a mi lugar favorito junto al fuego. Prueba de los manjares que tengo alrededor mío y disculpa la falta de etiqueta. Me siento intimidado ante tu exceso de luz y casi no puedo pensar claro.
¡Quien hubiese pensado! ¡Yo! El lobo negro que ataca al simple reflejo. ¡Yo! El tirano errante, el distante, el arrogante, ha decidido hoy tender su capa cansada a tus pies, con la simple intención de mirarte. Ha cedido su espacio y compartido su vino tinto.
Tu compañía retiñe mis cortinas, oxigena el fuego de mi chimenea y tiende sinfín una alfombra blanca de esperanza. Aquí tienes las llaves. Eres libre de entrar cuando quieras y de salir. También eres libre de no volver.
Disculpa la sinceridad de mis palabras cuando te hablo del encanto de tu mirada, de la dulzura de tus labios brillantes, la suavidad de tu piel y la sinceridad de tu rostro. Para conocer a alguien solo debes mirar más allá de sus ojos hasta encontrar sus sentimientos. Las palabras se las lleva el viento cuando no pesa en ellas sinceras intenciones.
¿Repito una vez más la gratitud de tu presencia. Naciste tu con esa luz o te la dieron los ángeles? ¿Dónde están, entonces, tus alas?
¿Lo disfrutas? ¿Acaso no es parte del placer reconocer cuan bien te sientes al oir lo que dicen de ti mis palabras? ¿Acaso lo que pienso debe ser medido en mis labios para no pecar de sincero?
Al hombre le falta por entender que no tiene que medir sus sentimientos. El alma los produce inagotables y la retención, por razón cualquiera son solo cobardía. Inseguridad.
Y tu… ¿de donde vienes? No te sientas comprometido a quedarte. Los caminos son anchos y yo solo tengo para darte lo que ves. En mi escondite nunca necesité cortinas, ni paredes. Vivo en esta realidad y la puedo compartir contigo, si deseas, pero solo una pieza por día. Escoge tu.
Y cuando quieras marcharte, cuenta conmigo para guiarte, conozco bien las estrellas y una buena pauta puedo darte. Mi consejo estará presente, aunque cuando te des la vuelta ya me haya ido. Y desde ya te puedo decir que nunca corras ni te escondas y sobre todo no tengas miedo a lo nuevo.
La felicidad es temida porque siempre es algo nuevo y la desconfianza nos lleva muchas veces al desconcierto de verla perdida al haberla dejado escapar. Por no poder, por no saber.
(Sentimientos son momentos que expresan desde el alma lo que el cuerpo grita, pero no puede ni retorciendo a la mente para que con palabras diga lo que quema el corazón y entre sentimientos pasa el tiempo entre expresiones sublimes de placer y la agonía del éxtasis maniaco que no quiere terminar)
Ha pasado la noche y ya has probado de mí. Son pocos los placeres sinceros que no te traen sinsabores ¿no? ¿Te hará frío al llegar la mañana? ¿Sentirá alivio tu cuerpo con el mío?
Esta noche eres bienvenido a mi lado. El lobo también suele ser buen guardián, te recuerdo no esta lejos del fiel perro. Aunque nunca será tan dócil el primero.
Mañana cuando despiertes prometo traerte flores para alegrar tu día un poco más, para que pierdas tu sonrisa. Si mientras en el campo las recojo tu has partido, las arrojaré al viento, para que sientas su aroma en tu camino.
Al despertar, si quieres volar y no encuentras un ave que te lleve hasta los cielos, prometo prestarte mis alas. Al final uno es solo lo que puede dar. En el póstumo momento que nos queda además las memorias de cuanto hayamos entregado, de cuantas sonrisas hemos provocado y a cuanta gente hemos ayudado a volar, a caminar. ¿No se resume en eso la autorrealización?
Respira…. Este aire es puro como pocos, y tu mismo eres especial como pocos. Lo puedo asegurar porque mientras dormías he tocado otra vez tu piel, he sentido tu aroma y he aprendido de tus sueños con tan solo tocar tu pelo. ¿En verdad crees que la vida es un camino errante? ¿En verdad crees que nunca habrá una flor que merezca tu parada? Los ríos más turbios tienen a su paso aguas calmas. Las mismas cascadas acaban en vertientes llenas de paz y con aroma a vida.
¿Ves? ¡Sonríe! La vida es más que eso…
Tu sonrisa trae más vida a la vida. Tu vida hace provoca hoy la sonrisa de la mía.
Recuerda que en tu ágil paso puedes estar perdiendo tus mejores momentos. Mírame, yo quiero caminar contigo para mostrártelos. El lobo puede ver a lo lejos y encontrar el perfecto momento. Por eso nunca se le escapa la presa.
Y no, he pensado bien anoche y he decidido que no te voy a comer. Mira a tu alrededor, este lobo dichoso no necesita más, aunque quiere compartir contigo. Siente la calidez de otro cuerpo a tu lado y di, sinceramente, que no disfrutas de la aventura de sentirte deseado, apreciado.
Con el tiempo aprenderás que nunca serán las gaviotas iguales compañeros. Nunca encontraras en los árboles más que un comentario absurdo. Es que es la piel la que pide el calor de la aventura y son las palabras las que endulzan ese brillo que se irradia en tus ojos y no para, porque eres tú.
Voy al prado a cazar las flores que te prometí. Disfruta tú del inicio del día, que espero sea diferente. La calma de haber saciado el deseo intenso de un cuerpo por el otro te acompañara hasta mi regreso o te llevará entre las nubes para que sigas tu camino. Solo te pido que no olvides que me has conocido y recuerdes esta noche cuando escuches mi aullido.

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